junio 24, 2024
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Sep

A 50 años del derrumbe de la democracia y los traumas de Chile | Nelson Mondaca I.

Nelson Mondaca columna
Nelson C. Mondaca Ijalba
nmonijalba@gmail.com

Yo y mi familia fuimos víctimas del golpe del 73. Por lo tanto, no tengo una postura neutral sobre tales acontecimientos. De antemano, quiero agradecer a quienes me han invitado para dar un testimonio personal en sus actos conmemorativos de la caída del Presidente Salvador Allende y del gobierno de la Unidad Popular. Hay un compromiso que hice a mi padre, Agustín Mondaca F., (Q.E.P.D.) que deseo mantener vivo. Mil disculpas, son cosas muy dolorosas y personales, que trascienden a mis generaciones. Con todo respeto, gracias. Solamente, expresar que soy un sobreviviente del holocausto de nuestro pueblo de 1973.

De aquel 11 de septiembre, rememoro a nobles jóvenes de las JJ.CC.: artistas, estudiantes y trabajadores; otros cuadros dirigentes del PC y PS: hombres y mujeres, personas muy valerosas, con grandes principios políticos, amantes del futuro socialista de Chile. Ellos, fueron víctimas inocentes de Consejos de Guerra fraudulentos e inconstitucionales, aquí en el campo de Concentración de Pisagua. Parte de nuestra historia muy terrible y pusilánime.

La dictadura cívico militar, en este período revivió la Gestapo Nazi. El modo de operar era el terror y del exterminio humano: la tortura, las violaciones, la persecución, la extradición, la relegación, la muerte y la desaparición de personas detenidas o prisioneras. Los altos uniformados golpistas en complicidad ideológica con los sectores reaccionarios e imperialistas de EEUU., temían a la movilización y rebelión de masas de la izquierda de nuestra nación. Una forma de aplacar y contener esa movilización social se funda en la violación más cruel de los derechos humanos.

Chile, es decir, nosotros los chilenos/as, de aquel entonces, unos más otros menos, somos responsables de ese quiebre de la democracia. Tal como lo he sostenido, la principal causa proviene de la “guerra fría” y de la hegemonía de EE.UU., por las riquezas naturales de nuestro continente sudamericano. Países y gobiernos que trataran de independizarse, USA, no tenía ningún reparo en derrocarlo a cualquier precio.

Pero, volvamos a nuestras responsabilidades. Las hay tanto en los movimientos de extrema izquierda (MIR), así como en los de extrema derecha patrocinadores de violencia y atentados (Patria Libertad y Rolando Matus). El rol de la DC, también fue decisivo, inclinando la balanza parlamentaria hacia la ruptura de la democracia. En este partido político, nace la centro izquierda con la “Revolución en Libertad” y que sus máximos dirigentes encabezados por Eduardo Frei M., estaban por recuperar el poder. En ese camino apoyaban las huelgas gremiales y el sabotaje a la economía con el acaparamiento de alimentos, a objeto de tener razones lógicas para el quiebre democrático.

Una lección política autoasumida. Los partidos de izquierda históricos no pueden apurar los procesos de transformaciones por la vía de la polarización de nuestra sociedad. El Presidente Allende tenía claro que los cambios se debían enmarcar dentro del proceso de la llamada “vía chilena”, por lo que la toma de conciencia era parte fundamental del propio del proletariado y de las clases medias marginadas del bienestar social.

Me detengo a pensar, a analizar los acontecimientos y a meditar en estos últimos años. El pasado de la historia de Chile, creo que no todos y me atrevo a sostener, una mayoría no tiene el conocimiento de nuestra verdadera historia patria. Creo que nos limitamos solamente a lo poco que aprendimos en nuestros años de escolaridad, de acuerdo a los libros oficiales provenientes del Estado y proporcionados por el gobierno de Turno. De este modo, nos formamos como ciudadanos y nuestra cultura cívica, esta envasada de comienzo a fin, en una ignorancia de las verdades de nuestra historia emancipadora. Así y aquí nacen nuestros traumas. Para los más adelantados/as, les recomiendo la lectura de “La fronda aristocrática de Alberto Edwards y a don Mario Góngora la” Noción de Estado”.

En concreto, se queremos ver/mirar lo sucedido el 11 de Septiembre de 1973, hay que hacerlo sin censuras y lejos de la pasión. Que aborde las cuestiones, sin ropaje de intelectual sabelotodo o como juez docto en disciplina institucional, en cierto modo, no somos dueños únicos de la verdad. Sin llegar al relativismo y al negacionismo, hoy puesto de moda por la derecha.

En otro sentido de bien público a 50 años del golpe, rescato los esfuerzos del Presidente Gabriel Boric y de su gobierno. A) Por un lado, de un Chile dispuesto a cerrar sus heridas, sacando de la oscuridad a los detenidos desaparecidos. Por favor, este es un trauma de Chile. B) Por otro lado, llamando a la firma de una Declaración Pública, de todos los sectores políticos, en resguardo de la Democracia y que hechos tan lamentables de la violación a los derechos humanos, no se vuelvan a repetir nunca más en nuestro país. Los ex Mandatarios firmaron la Declaración propuesta por el Presidente Boric. En este objetivo, no hay odios ni venganzas y/o pasadas de cuentas. Amigos/as, urge sacar a Chile de sus traumas.

Para tener presente, el ex presidente de Chile, Sebastián Piñera, en un acto ejemplar y digno, fue parte de este Acuerdo en paz, dando un paso que descoloca, por lo menos en general a un sector de la derecha más extrema del país.

Lamento que la oposición se haya negado a firmar este compromiso nacional por la Democracia. Cometieron un grave error político. Dejan la puerta abierta para horrores de hace 50 años se repitan, si las cosas no le son favorables. Esta nueva generación de políticos de la centro y derecha ultra conservadora, que personalmente no son culpables de delitos de lesa humanidad, al omitir las responsabilidades de autocrítica de ese triste pasado, hace 50 años, es muy patético. Exacerban los ánimos e incitan a la violencia. Es más, prefirieron en una parodia sacar su propia Declaración, donde se niega la verdad, el golpe y la dictadura. Según me parece, debieran comulgarse con Cristo y ayunar unas 48 horas para darse cuenta, que Chile necesita a 50 años de ese triste pasado, ¡Verdad y Justicia!

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