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Cuando enamorarse… puede ser fatal | Dr. Franco Lotito C

Cuando enamorarse… puede ser fatal | Dr. Franco Lotito C

Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)


FOTO FRANCO LOTITO OCT. 2020
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)

Cuando las personas encuentran en otros individuos ciertos rasgos que les recuerdan a sus seres queridos, o bien, a situaciones o cosas que son muy agradables, de inmediato comienza a aumentar en su flujo sanguíneo la presencia de diversas substancias químicas –dopamina, feniletilamina, occitocina, serotonina, etc.– que explicarían el sentimiento de atracción, apego, deseo, cariño o “sensación de amor” que experimenta una determinada persona.

Al respecto de esta “química del amor” –que está asociada a una suerte de “catarata de hormonas y neurotransmisores” circulando velozmente por el organismo–, es necesario  tener presente, que este sentimiento ha estado vinculado con lo que algunos expertos llaman “una vivencia de locura”, y a todos nosotros, por lo demás,  nos es bastante conocida la frase “estar loco(a) de amor” por alguna persona, cuyos síntomas más característicos son: experimentar estados de euforia, sentir “mariposas en el estómago”, felicidad y éxtasis –cuando las cosas van bien–, rabia, irritación, ideación suicida y cambios bruscos de humor –cuando las cosas van mal–, con pérdida del apetito, ansiedad,  dificultades para concentrarse, insomnio, etc.

Ya Antífanes, comediógrafo griego de la antigüedad, comentaba, que había dos cosas que el ser humano no podía ocultar: cuando estaba borracho y cuando estaba enamorado. En tanto que el filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset  fue mucho menos benévolo al respecto, y describió al enamoramiento como un estado de “imbecilidad transitoria”, el cual, sin embargo, no puede mantenerse bioquímicamente activo durante mucho tiempo.

Algunos estudios internacionales comparan los efectos del amor que se producen en el cerebro como equivalentes a los efectos que genera una adicción cualquiera. Es decir, que quienes se enamoran y se encuentran en las primeras fases de esta experiencia, presentan en los exámenes de resonancia nuclear magnética una actividad cerebral similar a la de aquellas personas adictas a la cocaína, o bien, a aquellos que son apostadores compulsivos, con consecuencias que, en oportunidades, pueden ser muy graves –cuando no fatales– especialmente, cuando al sujeto enamorado le resulta imposible separarse del objeto de su amor y, en consecuencia, cae en conductas que sólo pueden ser descritas como  “conductas de acoso”, “conductas irracionales”, “conductas posesivas u obsesivas”. Basta observar lo que sucede con los sujetos que sufren de celopatía o con aquellos otros individuos que terminan cometiendo femicidio, es decir, asesinando y destruyendo al objeto de su amor.

Según el Dr. Daniel Goleman, el inicio de un nuevo romance produce la activación de dos zonas cerebrales –el núcleo caudado y el área ventral tegmental– que son las  encargadas de producir dopamina, un neurotransmisor que comienza a circular en forma muy activa cuando el sujeto anticipa algún tipo de recompensa y que está asociado al sistema de placer del cerebro. Esto podría explicar por qué razón este estado de activación gatilla emociones tan dispares como la euforia, los celos intensos, la ansiedad o la rabia, y la persona cae en estados de total descontrol, o bien, emite conductas que parecen ser irracionales ante los ojos de los demás.

Estas mismas emociones y conductas, parecen intensificarse al máximo cuando la relación entre dos personas se deshace y se rompe, o uno de los involucrados se aleja de la otra persona que no desea terminar el vínculo amoroso. Basta pensar en la desesperación en la que pueden caer los adictos a la cocaína cuando no pueden acceder a una dosis que calme su adicción. Estas personas, impulsadas por un estado de gran desesperación interna, están dispuestas  a todo: delinquir, asaltar, mentir, robar, torturar y hasta… matar.

El amor puede generar en las personas todo tipo de emociones, dependiendo de la combinación de diversos eventos: de si este sentimiento es algo mutuo, de si se produce un rechazo o desprecio por parte de uno de los miembros, o si es que la relación termina con un quiebre total de la pareja.

La condición de  “estar enfermo de amor”, aparte de elevar los niveles de estrés en algunas personas, puede despertar en ellas diversas manías y conductas de naturaleza obsesivo-compulsivo, tales como mirar decenas de veces por la ventana tratando de divisar al objeto de su amor, experimentar una necesidad exagerada por revisar los mensajes de texto en el celular o chequear cada cinco minutos el computador para verificar si llegó el correo esperado, o bien, actuar y tomar decisiones, que muchas veces resultan ser  absurdas e incomprensibles –desde el punto de vista del que observa el hecho– como fue el caso de aquella esposa británica, quien hace algunos años abandonó después de 23 años de matrimonio a su marido y a sus nueve hijos, para fugarse con su nuevo amor, a quien, hacía poco,  había conocido a través de  Facebook.

Hay pacientes, que en la consulta manifiestan en forma abierta el “grato cosquilleo” que experimentan, cada vez que inician una nueva relación de pareja o que hacen una nueva conquista amorosa. Según ellos mismos declaran, es tan grata y deseable la sensación de bienestar y felicidad que sienten, que simplemente no están dispuestos a dejar de experimentarla. En esos momentos, los pacientes expresan estar dispuestos, incluso, a tirarse “ciegamente al vacío y en la relación”, a pesar de los sinsabores por los que luego deberán pasar, una vez que la ilusión o el entusiasmo inicial  desaparezca, y comiencen a darse cuenta de ciertos signos y señales de alarma, que les indican, que la relación se ha vuelto insostenible.  Estos elementos impulsivos y arrolladores que coartan el pensamiento reflexivo, son los que permiten que una pasión amorosa desborde y descontrole el curso de sus vidas, y son los que explican una buena parte de los “visibles síntomas del enamoramiento y las locuras” que de éste derivan.

La fina perspicacia e ironía de  los humoristas queda muy bien graficada en su definición de este sentimiento: “Amor: enfermedad mental transitoria… curable con matrimonio”. En la misma línea humorística, algunos aseguran que “el amor es ciego, pero que la convivencia termina por devolverles… la vista”.

Digamos finalmente, que también tenemos muchos otros ejemplos de personas que están dispuestas a entregar su vida sin dudarlo un segundo, si con ello pueden salvar la vida de su amada(o).

 

 

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