lunes - 18/01/2021

“ Emmenez Moi” (Columna de opinión de Gonzalo Vallejo)

“ Emmenez Moi” (Columna de opinión de Gonzalo Vallejo)

por Gonzalo Vallejo Legarreta

“Llévenme al final de la tierra, llévenme al país de las maravillas”. Con estas palabras misteriosas y melancólicas, en este frío, nostálgico y helado otoño parisino, recordamos a Aznavour, el vate y el cantante más deslumbrante y relevante de la cultura francesa. Ayer sábado fue sepultado. El pueblo sollozante y poético le acompañó en silencio y en pensamiento. Se fue en el sueño, como parten todos los poetas, que callados mueren de sueño. Sueño quieto y tardo, sueño sin tiempo ni atraso. Sueño amoroso y de sonido taciturno. “Le temps s’est arrêté”. El tiempo se detuvo en el funeral de Aznavour, el tiempo se detuvo como un tiempo sin ritmos, ni caricias amorosas. El tiempo del amor huérfano y desolado.
Charles Aznavour, el armenio cantante le cantó al amor amante, al amor recóndito y preciso, al amor ausente y al amor presente, al amor que teje noches de rostro amado sin olvido. El significado del amor para Aznavour fue la vida misma, la vida sin “Ella”, sin “She”, sin “Elle”, la vida de ardientes labios color camelia azotados por la ausencia húmeda, la vida que muestra todas las caras del amor, “tous les visages de l´amour”, la vida muchas veces cruel y solitaria, la vida muchas veces alegre y acompañada. Aznavour cantó a la vida sin amor o a la vida con amor, al amor sin amor después del amor o al amor sin palabras después del amor. Este armenio genio, con un funeral de Estado por su inmensa contribución musical, fue un baluarte referencial y sentimental a lo que verdaderamente significa el amor, amor de canciones estremecidas y extrañadas.
Y ahora, el gran Aznavour, pobre y refugiado, perseguido y asilado, yace durmiendo junto a sus padres e hijo, en la campiña francesa, la bella y bucólica campiña en el sur de Paris, rodeado de flores y uvas, uvas de viña inesperada y hechizada. Y ahora, el gorrión de Paris le espera, con mirada de cielo y sonrisa bulliciosa, cantando con voz cercana y lejana “Que nadie sepa mi sufrir”. Para Aznavour el verdadero significado de su vida fue haber encontrado el amor real y definitivo, el amor de forma telúrica y de mágica poesía. ¡ Allez Aznavour, allez ! Adieu Aznavour, adieu. C`est la vie.

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