mayo 24, 2024
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06

Nov

¡La fe de un hombre bueno nunca muere! Nelson Mondaca I.

NELSON MONDACA I.


Nelson Mondaca columna
Nelson C. Mondaca Ijalba
nmonijalba@gmail.com

Hoy era para mi un día normal. De trabajo físico, de trámites y de avanzar en nuestros proyectos sociales. En eso me encontraba al filo del mediodía cuando mi hijo Bastián, me llamó para darme una mala y triste noticia, la que cambiaría mi estado de ánimo. El fallecimiento de mi amigo y de un millón de amigos “Iván Pereira Palomo”. (En adelante, afectivamente, Iván)

No tengo palabras para expresar el profundo dolor que me embarga. Mi alma sintió el golpe. Todo, pero todo, de un minuto a otro cambió. Sentí más frío, no pude continuar haciendo lo que me había propuesto. En este caso, cambiar el tapiz de unas lindas sillas del comedor del personal de “Anatiri”.

Me fui a refugiar a la oficina del Sindicato que se encontraba a pocos metros donde trabajaba. En la soledad y el silencio, reviví los últimos momentos con Iván. Mis primeros pensamientos escalan el pasado reciente. Reviví estas horas del ayer con la nostalgia del diálogo fraterno. y sincero. Su pasión era ayudar desinteresadamente a la juventud. Lo que no quiere decir que pasara por alto el amor por sus semejantes que más lo necesitaran.

Después, de un par de horas, me contacté con unos pocos amigos que tengo. La noticia había llegado a ellos con la misma velocidad de un rayo. Conversando vía celular con algunos de ellos, que lo conocieron muchos años atrás. Pues, seguían teniendo estrechos lazos de amistad por intermedio de la tecnología. En fin, la tristeza era el denominador común, el duelo también, tocaba sus corazones.

La verdad, es que es muy difícil encontrar personas tan dotadas de magnanimidad hacia los jóvenes deportistas, como Iván. Su cariño, su despliegue, el tesón y la fuerza por superar los obstáculos, las dificultades y los prejuicios, fueron siempre su mejor exponente del quehacer diario. Un hombre con corazón de oro. Su áurea espiritual dejan una ausencia que ennoblece al “dirigente deportivo”, tal vez, muchas veces con un sacrificio digno del héroe anónimo.

Un párrafo más en lo deportivo Desde que nos conocimos en los años 90, hablando de la letra “A la Z”, jamás dirigió una mala crítica hacia los que dirigen el deporte. Amaba al CDI. Su mayor preocupación era la formación, alimentación y futuro de las divisiones juveniles del club. Haciendo presente sus puntos de vistas sobre aumentar la INVERSION/PRESUPUESTOS, en Cadetes. Los nombres de aquellos jóvenes que emigraban de Iquique, en busca de su destino, los conocía como la palma de su mano. Estos nombres, eran jóvenes talentosos, según Iván, no debían emigrar de nuestra ciudad porque tenían condiciones profesionales de sobra para llegar al fútbol grande y representar a nuestra ciudad.

Una anécdota que confirma los dones de Iván. Antes de entablar nuestra amistad, conoció a mi hermano menor, Omar. Hoy trabajador especializado de la construcción. Pues, en la época de los años 80, en la desaparecida Escuela Santa María, le hacía clases de “Pin Pon” en el Salón Auditórium, que daba por calle Latorre, frente al Mercado, donde nosotros nos criamos, cerca del ex Cité el Minero.

Este año 2022, me dio sorpresas muy amargas, las que se enmarcan en la obscuridad de la vida y en ella lo contrario a la felicidad. En este plano, primero la muerte de Freddy Torres O. Ahora, enseguida, la partida de Iván Pereira.

Pasar por estas pérdidas de entrañables amistades va en un cauce de sufrimiento similar a una de las peores catástrofes de la naturaleza humana. ¡Sí!, eso es más o menos para mí, una tragedia de magnitud inesperada y de consecuencia sin límites. No se lo doy a nadie, incluso a mi peor enemigo. ¡Está claro!

Quienes parten de esta vida, más allá de sus causas médicas, amigos y familiares, compañeros y hermanos, que fueron parte de nuestras vidas, nos dejan un vacío que lastima nuestros corazones. Personas que se ganaron mi cariño, respeto y admiración por su integridad, lealtad, sabiduría y el fruto de su perseverancia. Hermosas virtudes que conforman un jardín de luz terrenal, dando más sentido y profundidad a la naturaleza humana, en este mundo tan materialista.

¿Vamos, ustedes me entienden? En este escenario, Iván era una verdadera Estrella, especial y brillante. Fugaz, cristiano y de una franqueza universal, sana y diplomática. Nunca un mal comentario contra nadie. Querido por todos los que lo conocieron en las diversas vicisitudes de su vida. Por supuesto, hay cosas que se me quedan en el tintero. Los años no pasan en vano.

Al culminar estos pensamientos, debo hacer presente, él fue quien me enseñó a valorar el trabajo de ciertos Dirigentes deportivos, a nivel de ciudad como a nivel nacional. Especial mención para Harold Mayne-Nicholls, quién abrió todas las puertas en Santiago en apoyar a nuestros jóvenes deportistas iquiqueños. Un relacionador público por excelencia.

No fue “iquiqueño de nacimiento, pero fue más iquiqueño” que cualquiera de nosotros. Lo último, conversando con el Alcalde Mauricio Soria, sobre el lamentable fallecimiento de Iván, me hizo recuerdo que la Ilustre Municipalidad lo había nominado “Ciudadano Destacado” de nuestra ciudad hace un año. Bien, lo tiene más que merecido.

Dejaré estas líneas, expresando mis sentidos pésames a su esposa, hijos, nie5os y familiares. A sus amigos de siempre y viejos amigos que siempre lo llevarán en sus corazones. Los recuerdos volverán con los sueños ce cada día y vivirá en cada uno de nosotros. No serán fantasmas, serán las vivencias de un hombre valiente y de un luchador incansable…. Mis ojos se cierran colmados de unas lágrimas. La fe de un hombre bueno nunca muere. Adiós, gran amigo, ¡Iván, El grande!…

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