miércoles - 22/09/2021

Navidad: La vida que necesitamos

Navidad: La vida que necesitamos

EDGARDO BARRIA*

Navidad, navidad a esconder la realidad, es la frase de una canción que retrata la pobreza del alma de muchos ciudadanos de este mundo, que ven esta fecha para consumir y consumir, porque son personas que retratan a los humanos sin esperanza. Sin embargo, peores eran las condiciones en la Palestina de más de dos mil años. Y fue en esos tiempos sin perspectivas cuando una luz bajó de lo alto y plantó una semilla de esperanza en el mundo.

Esa pequeña semilla de vida sobrevivió a la hecatombe del imperio y creció. Sobrevivió a la propia esclerosis de sus portadores, lo que parecía más difícil. Sobrevivió a los embates de la arrogancia modernista, pasando por desgarradoras purificaciones para asimilar lo que había de válido en la modernidad, y siguió creciendo. Hoy esa semilla fructifica en miles de comunidades de fieles, en diversas partes del mundo, y en instituciones culturales y sociales que, en diálogo elaboran una expresión de la fe más significativa para el mundo actual, mientras que otros viven cegados por el consumismo, llenos de tarjetas de créditos, con una mochila de préstamos que cargan por años, producto del amor por el consumismo.

Esta fecha es para recordar a un hombre que, siendo el rey del mundo terrenal, nació en la pobreza material y rico en lo espiritual, como el amor, la solidaridad con una sorprendente fuerza vital y que nunca abandonó la lucha por la vida, se vio en sus ojos reverberar la generosidad de la vida.

Al recordar el nacimiento de Jesús, debemos recordar que desde la pobreza la vida se torna solidaria de una forma más pura, más humana, por algo Dios se encarnó entre los pobres, para indicarnos que es allí, en la necesidad, donde brota más genuinamente la solidaridad que hace a la comunidad humana. Al darnos Dios su vida en Navidad, nos mostró su absoluta y definitiva solidaridad con nuestra indigencia.

Ese niño de Belén, mirado sin la fe, no daba ninguna esperanza a nadie. Sin embargo, su nacimiento fue la gran noticia de la historia, porque la solidaridad que Dios nos mostró nos hizo creer definitivamente en el hombre y apoyar en esta fe nuestra propia solidaridad.

Hoy en nuestro país, es tan grande el consumismo, el arribismo, que nos sentimos desoladamente débiles. No somos capaces de entendernos ni de darnos la mano, muchos andan como sonámbulos buscando en los malls, ferias al Dios del consumismo y luego se quejan de cómo pagar las deudas.

Como ha pronunciado por estos días la Comisión Nacional de Liturgia de la iglesia católica, “En medio del carnaval consumista, el cristiano está en otra, porque está esperando a alguien, al Señor Jesús, al Dios con nosotros. El cristiano sabe bien que si ese alguien falta a la fiesta no tiene ningún sentido y la alegría será tan pasajera como un fuego artificial, que luego de un impresionante despliegue de luces se vuelve una oscuridad total”.

 

Esta columna la escribió hace ocho años Edgardo Barría (Q.E.P.D.), por su mensaje que cobra actualidad la reeditamos en este 2020.

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