mayo 24, 2024
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05

Mar

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Presidente Boric y el amarre del modelo | Nelson Mondaca I.

NELSON MONDACA I.


Nelson Mondaca columna
Nelson C. Mondaca Ijalba
nmonijalba@gmail.com

Por estos días he visto las dos caras de la moneda en relación al Presidente Boric.   La gente común le tiene cariño al Presidente Boric.   A la misma vez, también, he sido testigo de duras críticas hacia su labor como gobierno.  A veces provenientes de la izquierda ex socialista y de algunos ciudadanos decepcionados de la política.

 

Yo, por mi parte tengo una profunda admiración por su persona.    La gente en general puede tener su propia opinión.  Lo cual es bueno que la tenga.  Pero no puedo estar de acuerdo con algunas afirmaciones que enlodan la figura del Mandatario.   Algunas de ellas son injustas, otras son abiertamente injurias y son una ofensa a la dignidad personal.

 

Cuando la persona no está presente, simplemente, por una conducta de valores culturales, jamás se puede utilizar un lenguaje con carácter ofensivo.     En política uno puede y tiene el derecho a discrepar y oponerse a una autoridad.  Pero este legítimo derecho, na da ninguna legitimidad para enlodar y manchar el nombre de otro ciudadano, menos sí los Tribunales de Justicia, no lo han condenado.

 

Pueden existir otros cuestionamientos de orden ético, moral y social.  Pero ello es otro asunto, donde cada puede tener su propia visión.   En mi vida de dirigente social, he sido víctima de insultos y de opiniones muy ácidas. Querellas van y vienen.  Todo forma parte del quehacer especial o profesional y de la vocación de servicio.    Creo no olvidarlas.  Son momentos tensos y de cierto nerviosismo.   Pero, no hago fuego del árbol caído. Doy vuelta la página, y como dice Guillermo Pedro, me tomo un “shop”, abrazos van y vienen.  Asunto archivado en la memoria humana.   Los problemas continúan y a ellos me doy por entero.    El que ayer era mi enemigo ahora me saluda y me invita a un té.    No es tarea fácil, pero se puede lograr.

 

Pero, lo que hoy me convoca a escribir, es la valentía de Gabriel Boric.  Primero, no era un asunto fácil ganar las últimas elecciones presidenciales.  En segunda vuelta lo logró por amplio margen del 55.87%, sobre Kast.    Segundo, es verdad, se unieron todas las fuerzas políticas de centro y de izquierda para ganar.    Unos se las jugaron más que otros.  También, no faltan quienes muy audazmente se subieron al carro de la victoria y no aportaron nada.  Sí amigos y amigas, los hay.   Tercero, tomar el timón de la Moneda, en las condiciones que estaba el país, solamente, creo que podía hacerlo un político dispuesto a poner el pecho a la adversidad en todo sentido y por supuesto, que no estuviera contaminado por la clase política tradicional muy cuestionada por casos de corrupción y por llegar a negociaciones en salones secretos del Congreso.

 

Esto era como subirse a un avión sabiendo que sus motores estaban con serios problemas

y nadie garantizaba un buen despegue y un aterrizaje normal.   Boric lo hizo.    La economía de nuestro país estaba por lo suelos.  Sin embargo, las grandes soluciones no vendrían de la noche a la mañana como mana del cielo.

 

El estallido social de octubre del 2019, el pueblo marcó un antes y un después.  El distanciamiento con la autoridad gobernante y el repudio a la clase política en general tomó una fuerza propia que dejó muy mal parada a nuestra democracia.

 

Uno de los pocos políticos que supo interpretar esta realidad y hacerse cargo de ella, fue el hoy Mandatario, Gabriel Boric.   El Chile de hoy, no es el mismo de Jorge Alessandri, de Eduardo Frei M., y de Salvador Allende.    Los 50 años que han pasado desde el golpe fascista hasta nuestro día, muchas cosas han pasado.     Incluso, la izquierda que proviene de esos tiempos, necesariamente, sufrieron los embates de la caída del Muro de Berlín.   La famosa guerra fría, entre EE.UU., y la Unión Soviética, da vuelta la hoja de la historia.    Lo que no quiere decir, que se nieguen sus formas de sociedad.

 

La mundialización de la economía es un proceso que viene de varias décadas, se puede establecer que proviene de la segunda mitad del siglo XX y que recibe su mayor impulso con la globalización y que continua en el presente siglo XXI.   Tenemos así, la integración de las economías locales a una economía mundial donde los modos de producción y los movimientos de capital se configuran a escala planetaria.   Cobra mayor importancia el rol de las multinacionales y la libre circulación de capitales.  Las condiciones de competitividad y la sociedad de consumo son interdependientes, uno del otro, van como dedos de la misma mano.

 

El valiente Presidente Gabriel Boric, no puede cambiar este escenario.  Chile ha contraído con más 300 países, 800 acuerdos comerciales.  Entre los cuales se destacan:  EE.UU.-China-Unión Europea.   De este modo Chile tiene acceso a más de 4.200 millones de personas distribuidas en los cinco continentes del mundo.   El amarre del modelo capitalista hoy no tiene fronteras.   Ahora, sí a este amarre neoliberal le agregamos y/o ponemos la alta concentración económica y sin límites que tienen algunas grandes empresas, tendremos un país fracturado entre pocos ricos y una mayoría de pobres.   Además, si tenemos un Estado capturado por los más poderosos de este país, resulta indignante gobernar.   Se requieren urgentemente normas constitucionales que favorezcan políticas públicas y que limiten la concentración de la riqueza.  Pero, comencemos por algo.   En los mismos EE.UU., se le aplican los más altos impuestos y la concentración tiene límites.   Señores políticos pónganse las pilas como lo hicieron una vez con la nacionalización del cobre.

 

Pienso que el Presidente Boric es de izquierda y es muy responsable de su Gobierno.   Por lo mismo, considero muy injustas las críticas que se hacen a “diestra y siniestra”.   El objetivo principal es desprestigiarlo, a como dé lugar.    De gran ayuda sería sí, Mario Marcel, Ministro de Hacienda, marcara las diferencias con los gobiernos del pasado poniendo los acentos donde de verdad hay que ponerlos.     El control de la inflación es un buen camino, pero no lo es todo.   Hay mucho por hacer y el tiempo pasa rápido.

 

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