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Abr·26

Ormuz bajo ataque: la escalada entre Washington y Teherán que inquieta al mundo

Rodrigo A. Longa Terán

La tensión en Medio Oriente volvió a intensificarse este 7 de abril y ya supera el marco de una crisis regional. La situación en el estrecho de Ormuz, el alza del petróleo y los nuevos ataques militares están generando efectos en los mercados energéticos, en la diplomacia internacional y en las proyecciones económicas de distintos países, incluido Chile.

Irán mantiene de facto restringido el paso por Ormuz, una vía por la que normalmente transita cerca de una quinta parte del petróleo y gas mundial. En paralelo, el Brent se ubica sobre los US$111 por barril. Organismos internacionales han advertido que incluso una salida rápida del conflicto podría dejar un escenario de mayor inflación y menor crecimiento. La Agencia Internacional de Energía señaló que la crisis energética actual es más severa que las registradas en 1973, 1979 y 2022.

Las economías asiáticas aparecen entre las más expuestas por su alta dependencia del crudo de Medio Oriente. El texto consigna que Asia importa cerca del 60% de su petróleo desde esa zona y que, si el Brent se aproxima a los US$120 por barril, la carga energética regional podría subir hasta 6,5% del PIB. Japón, Corea del Sur e India figuran entre los países más sensibles a este escenario. China, aunque con mayor capacidad de respuesta, también enfrenta riesgos relevantes por su peso industrial y comercial.

EUROPA

Europa observa con atención la escalada. El alza de la energía, la presión inflacionaria y la desaceleración económica vuelven a instalar incertidumbre en la eurozona. A ello se suman señales de cautela frente a una eventual respuesta militar más amplia en la zona.

Estados Unidos combina capacidad militar con costos económicos y políticos crecientes. Aunque su posición energética es hoy más sólida que en décadas anteriores, el conflicto también genera presión inflacionaria, tensión financiera y riesgo de sobreextensión militar. Rusia, por su parte, podría obtener beneficios parciales por el alza del petróleo y el gas, pero también enfrenta los efectos de una desaceleración global más profunda.

Chile aparece entre los países que podrían verse afectados por dos vías: el encarecimiento de la energía y una eventual desaceleración de las economías asiáticas a las que exporta. El texto recuerda que el Banco Central advirtió en el IPoM de marzo que el alza de las gasolinas podría llevar la inflación a niveles cercanos al 4% anual en los próximos meses y que el crecimiento proyectado para 2026 podría resentirse por el escenario externo, el ajuste fiscal y el menor dinamismo minero.

Uno de los efectos más visibles ya se observa en los combustibles. Desde el 26 de marzo, la gasolina de 93 octanos subió 370 pesos por litro y el diésel 580 pesos por litro, según se señala en el documento. A esto se suma el riesgo de mayores costos logísticos, presión sobre el tipo de cambio y posibles alzas en alimentos e insumos.

El texto también plantea que un deterioro económico en Asia podría afectar la demanda por exportaciones chilenas, incluido el cobre. De esta forma, el impacto para Chile no se limitaría al alza del petróleo, sino también al enfriamiento del entorno internacional.

INVASION

En el plano militar, la opción descrita como más probable es una campaña aeronaval escalonada y no una invasión terrestre al estilo Irak. Reuters confirmó ataques estadounidenses sobre blancos militares en la isla de Kharg, mientras CENTCOM informó que sus operaciones buscan reducir la capacidad iraní de proyectar poder más allá de sus fronteras.

Entre los escenarios mencionados figuran ataques contra defensas aéreas, radares, baterías costeras, nodos de mando, drones, lanchas rápidas y activos misilísticos ligados al cierre de Ormuz. También se considera la posibilidad de operaciones de protección al tráfico marítimo, con escoltas, vigilancia y acciones de disuasión en la zona del estrecho.

El texto añade que un siguiente nivel de escalada podría incluir golpes contra infraestructura del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, depósitos, bases y redes de lanzamiento. Un paso adicional sería un eventual ataque contra infraestructura energética o eléctrica iraní, lo que podría ampliar la respuesta regional.

Durante la jornada, Estados Unidos confirmó ataques sobre blancos militares en la isla iraní de Kharg, aunque aseguró que evitó afectar la infraestructura petrolera de la zona. Según el texto, parte de los bombardeos alcanzó sitios previamente atacados y el vicepresidente JD Vance afirmó que la operación no representa, por ahora, un cambio de estrategia, sino la continuidad de una campaña militar limitada.

Sobre la munición utilizada, no existe hasta ahora confirmación pública sobre el arma específica empleada en los ataques. El documento señala que, si Washington ampliara la ofensiva hacia instalaciones endurecidas o subterráneas, la opción técnica más coherente sería la GBU-57 Massive Ordnance Penetrator (MOP), diseñada para destruir objetivos profundamente enterrados.

En cambio, la MOAB —conocida como “Mother of All Bombs”— aparece descrita como una bomba de gran onda expansiva, pensada para blancos de superficie y no como un sistema de penetración profunda. En esa misma línea, el texto sostiene que no existen antecedentes públicos creíbles que apunten a una opción nuclear inmediata contra Irán, por lo que la escalada más plausible sigue siendo convencional.

La evolución de la crisis mantiene en alerta a las principales potencias y a los mercados internacionales. La presión sobre Ormuz, el alza del petróleo y los nuevos ataques sobre territorio iraní siguen alimentando un escenario inestable. Para Chile, el foco está puesto en el impacto potencial sobre combustibles, inflación, costos logísticos y crecimiento. En el plano militar, la principal interrogante es hasta dónde puede avanzar una escalada que, por ahora, se mantiene en el terreno convencional, pero con efectos cada vez más amplios en la estabilidad regional e internacional.

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