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Lo que pasa en el Medio Oriente, en el paso de Ormuz, remece la estabilidad del planeta. Constituye una materia de primer orden. Los horizontes de paz, de alto al fuego, aparecen y desaparecen como arte de magia; el valor del petróleo sigue en alza, causando graves problemas en todos los países del mundo. Por supuesto, unos más que a otros, sentido común. Entonces me pregunto qué pasa con Chile. Dónde está nuestro Gobierno, sus autoridades principales y su clase política. Los medios de prensa y de comunicación en estos momentos. Todos, o casi todos, metidos en la mega reforma tributaria y de reconstrucción nacional.
EE.UU. e Israel nunca se imaginaron que despertarían a un león que estaba preparado para estas graves contingencias bélicas. Nunca se les pasó por la mente que sería el ocaso de su poder dominante de las armas y del dominio capitalista norteamericano. La principal arma de Irán no fue una bomba nuclear. Tampoco la destrucción de bases armadas estadounidenses ni la lluvia de misiles sobre Israel. No, no, no. Su principal arma estaba en su arsenal de mantener cerrado el Estrecho de Ormuz, por donde pasa más del 20% del total del mercado petrolero mundial. De manera inteligente, permiten que China, principal comprador y adquiriente de este petróleo con el que mueve su economía, siga operando libremente.
De hecho, los únicos buques petroleros de gran tonelaje que transitan y se mueven libremente por el Estrecho de Ormuz, sin duda, son los que llevan bandera china. Salvo la excepción de una operación “de bandera falsa”, donde nadie se adjudicó el ataque a un barco petrolero chino. También pueden pasar por el Estrecho aquellos países que no se han declarado enemigos de Irán. Pues bien, otros barcos de nacionalidades que adquieren petróleo en Medio Oriente y países aliados a EE.UU. han sido neutralizados y bombardeados.
Sin embargo, sean los buques que sean, deben pagar un peaje a Irán como país soberano y dueño del paso de Ormuz. Pero eso no es todo. Existen otros tratados internacionales que Irán ha firmado con Irak y China en Bagdad, los cuales tienen un simbolismo de trascendencia histórica. Según el profesor Mohammad Marandi, esto conlleva el nacimiento de un nuevo orden mundial multipolar. En otras palabras, se termina el dominio unipolar de EE.UU.
En medio de las fuertes alzas de los alimentos, arriendos, transportes, servicios básicos y del combustible, la inflación se desata a niveles que originan caos. El alto costo de la guerra lo comienzan a sentir los propios ciudadanos de Estados Unidos y del mundo, como otro huracán violento y destructivo de infinitas consecuencias. Son los resultados del precio de esta guerra impulsada por Donald Trump, apoyando los planes expansivos “hitlerianos” de Netanyahu.
Bajo estas circunstancias, el Presidente de EE.UU., Donald Trump, visita a su homólogo de China, Xi Jinping. Fue recibido con todos los honores que merece un mandatario que representa al pueblo norteamericano. Su comitiva estaba integrada por los más poderosos económicamente del país. Alfombra roja y la entonación de sus himnos nacionales. Observación política: no fue recibido por el mismo Xi Jinping, sino por su vicepresidente. Esa es una señal muy importante en la diplomacia internacional. Pero, como sea, ambos mandatarios, como personas civilizadas, dialogaron sobre los temas de sus respectivas agendas.
Lecciones que se pueden sacar de esta cumbre entre las potencias mundiales. Bueno, para ser sinceros, eso dependerá del punto de vista de cada persona y a favor de quién uno se inclina. Más allá de estas legítimas opiniones, expreso mi parecer político.
Primero. De verdad fue una reunión y cita histórica. Que un presidente norteamericano estuviera en el Palacio de China es un indicador no menor del momento que viven ambas potencias. Nos deja cosas para pensar y reflexionar.
Segundo. EE.UU., por su accionar en el manejo de situaciones externas, ha perdido el control y la inteligencia adecuada para abordar los problemas emergentes de sus políticas internacionales. Se quedó en el pasado y no asimiló los cambios de época y del nuevo milenio. Mantuvo las políticas de la “guerra fría”.
El poder bélico, la dominación colonialista y la fuerza de su imperio capitalista la implantó a sangre y fuego como la única verdad de existencia política en el mundo.
Tercero. China fue construyendo relaciones modernas de comercio y cooperación, hasta llegar a los BRICS. Un nuevo modelo económico. Cada país es libre de dirigir sus destinos políticos y de evitar la injerencia en asuntos internos. Las ideologías son propias de cada nación. Comercio justo y respeto a la soberanía.
Cuarto. La situación para Donald Trump es más que compleja, casi irreversible. No puede retirarse del Medio Oriente como perdedor. Tampoco puede admitir que Irán no ha sido derrotado y que la Guardia Revolucionaria, con su nuevo líder, ha infringido serias bajas a las fuerzas militares estadounidenses.
Quinto. China puede ser un recurso valioso para poner fin a esta guerra. Pero nada es gratis. Israel no puede seguir dependiendo de EE.UU. y debiera enfrentar este nuevo escenario geopolítico en forma independiente, donde no tiene más salida que alcanzar la paz.
Sexto. Se configura la sobrevivencia de ambas potencias mundiales: más que destruirse entre sí, realizar alianzas de mercado, comercio, tecnologías y ciencias que les permitan el manejo superestructural del mundo en coexistencia pacífica. Mejor ejemplo: China se comprometió a comprar 200 aviones Boeing a EE.UU., lo cual es un real logro de Donald Trump.
En fin, ahora de regreso a nuestra política nacional. Creo que al ministro Quiroz le falta empaparse de la política contingente. Hay que estar en la calle, conocer cómo viven las personas en los barrios, en las poblaciones y en las tomas de terrenos. Ese mundo de la gente humilde es el que está cansado de promesas, de vivir endeudado y haciendo “la bicicleta” todos los meses. No nos hable de apretarse el cinturón. Por favor, en democracia no nos lleven al PEM y al POJH. Hay que abrirse a los consensos mayoritarios. Gracias.
Nelson C. Mondaca Ijalba
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