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Sex and the City llegó en 1998 como esa amiga cuica que entra tarde a la fiesta, pero igual se roba todas las miradas. Cuatro mujeres hablando de sexo, amor, zapatos y neurosis en Nueva York, como si fuera lo más normal del mundo. Y claro, lo era… solo que nadie lo había mostrado así en televisión. Carrie Bradshaw caminaba por Manhattan como si la ciudad fuera su pasarela personal, mientras escribía columnas que, seamos honestos, jamás pagarían ese departamento. Pero bueno, la magia de la TV.
El grupo lo completaban Samantha, que hablaba de sexo con la naturalidad con que otros piden pan; Charlotte, que vivía esperando al príncipe azul aunque siempre le llegaban los sapos; y Miranda, la abogada que hacía malabares entre el trabajo, la vida amorosa y su eterna cara de “no tengo tiempo para esto”. Entre las cuatro armaron una mezcla que funcionó mejor que cualquier cosmopolitan del bar de la esquina.
La serie fue un éxito mundial porque decía en voz alta lo que mucha gente solo comentaba en voz baja. Y porque, admitámoslo, todos querían saber si Carrie se quedaba con Big, con Aidan o con su propio ego. HBO se llenó de premios, la moda se volvió loca y Nueva York quedó instalada como la ciudad donde todo es posible, menos encontrar un arriendo decente.
HOY
Hoy, las actrices siguen caminos distintos. Sarah Jessica Parker continúa siendo Carrie, aunque ahora con menos tutú y más nostalgia. Cynthia Nixon se metió en política y casi termina gobernando Nueva York, lo que habría sido un giro digno de la serie. Kristin Davis sigue siendo la más correcta del grupo, tanto en pantalla como fuera de ella. Y Kim Cattrall… bueno, Kim decidió que ya había tenido suficiente de Manhattan, de Carrie y de todo el drama fuera de cámara.













