
ingeniero control gestión UNAP
Post. economía y finanzas USACH
economista observatorio económico Tarapacá.
Esta semana el INE informó el IPC de mayo, el índice registró una variación de 0,2%, ubicándose por debajo de las proyecciones del mercado, fue sorpresivo para los analistas que anticipaban cifras entre 0,3% y 0,5%. Sin embargo, este dato no debe interpretarse como el fin de las presiones inflacionarias. La inflación acumulada en lo que va del año alcanza el 2,8%, mientras que en doce meses se sitúa en 3,9%, muy cerca del 4%.
Si bien la inflación de este año será superior a la que se proyectaba antes de las tensiones internacionales y los conflictos que han afectado los mercados energéticos, la principal interrogante era ¿cuánto impacto tendrían estos factores durante mayo? En particular, existía preocupación por los llamados efectos de segundo orden derivados del aumento en los precios de los combustibles registrado en marzo. Estos efectos no se reflejan de manera inmediata en toda la economía. Muchos precios, especialmente aquellos indexados a la UF, como arriendos, servicios, educación y algunos costos asociados a la vivienda, incorporan los aumentos con cierto rezago. Por ello, una parte de la inflación tarda semanas o incluso meses en trasladarse completamente al consumidor final.
En ese contexto, el dato de mayo entrega una señal positiva. Las dudas respecto de una aceleración inflacionaria más intensa comienzan a disiparse y, con ello, también pierde fuerza la discusión sobre eventuales nuevas alzas de tasas por parte del Banco Central. La razón es simple: gran parte de las presiones recientes provienen de shocks de oferta externos y no de un exceso de demanda interna. Por lo mismo, si los mercados internacionales logran estabilizarse y los precios de la energía dejan de presionar al alza, la inflación debería continuar convergiendo hacia niveles más moderados, alejándose de los fuertes repuntes observados en meses anteriores.
La prudencia sigue siendo necesaria, pero las cifras de mayo muestran que, al menos por ahora, la economía chilena parece estar transitando por una senda de mayor estabilidad de precios.













