El caso de los 64 niños haitianos que aparecían como “inubicables” en un preinforme de Contraloría terminó donde tenía que terminar: con la PDI ubicando a cada uno de ellos. Pero antes de que eso ocurriera, hubo comunicadores y opinólogos que, sin un solo dato confirmado, levantaron teorías, sospechas y hasta insinuaciones de delitos graves que nunca existieron.
La fuerza de tarea de la PDI revisó caso por caso y confirmó que los 64 menores fueron encontrados, 63 en Chile y una adolescente en México, viviendo con su madre. Todos en buenas condiciones físicas. Ninguna señal de trata, tráfico ni redes criminales. Nada.
El director general de la PDI, Eduardo Cerna, fue claro: “Ya puedo dar cuenta hoy día que hemos ubicado los 64.” También detalló que incluso la menor en México fue verificada por videollamada y que la mayoría está integrada a los sistemas de salud y educación.
El ruido mediático, en cambio, fue otro. Antes de que la investigación terminara, algunos comunicadores instalaron la idea de un caso oscuro, sin esperar los resultados oficiales. La realidad terminó desmintiendo ese libreto.
Hoy, con todos los menores ubicados y sin delitos graves a la vista, queda claro que el caso necesitaba menos especulación y más rigor. La PDI hizo su trabajo. Otros, no tanto.













