Diego Armando Maradona nunca fue un diplomático. Ni quiso serlo. Cada vez que tuvo un micrófono cerca y la FIFA estaba en la conversación, el “Diego” decía lo que pensaba, sin cálculo y sin miedo. Y lo hizo durante décadas, en distintos episodios que terminaron marcando su relación con el organismo que gobierna el fútbol mundial.
Uno de los momentos más recordados ocurrió en 2017. Ese año, Maradona fue invitado por la FIFA a participar en actividades oficiales en Zúrich como parte del programa “FIFA Legends”. Pero aun estando dentro de la casa, no se guardó nada. En una entrevista reproducida por medios deportivos internacionales, Diego dijo que dentro de la FIFA seguían existiendo “muchos enemigos que formaban parte de un sistema corrupto” y remató con una frase que quedó dando vueltas: “Las cosas no van a cambiar de un día para otro”. Era el Diego de siempre, incluso cuando la FIFA intentaba mostrarlo como embajador.
Ese mismo año, Maradona estuvo en la gala de los premios The Best, en Londres, junto al brasileño Ronaldo Nazario. Subieron juntos al escenario para entregar el premio al Mejor Jugador. Ahí, Diego casi revela el ganador antes de tiempo, rompiendo el protocolo. Ronaldo lo frenó con un “espera que vemos un video antes”, en un momento que se volvió viral. No fue una crítica directa, pero sí mostró que Maradona no encajaba en el molde que la FIFA quería imponerle.
RENUNCIO
Las críticas más duras llegarían después. En 2020, ya cansado de lo que él veía como una estructura que no cambiaba, Maradona lanzó una frase que recorrió el mundo. “Se repartieron la plata y nadie devolvió nada, yo renuncio a la FIFA”, declaró, según el diario Olé. Fue su ruptura definitiva con el organismo. No era la primera vez que hablaba de corrupción, pero sí la más frontal, la más pública y la más contundente.
A lo largo de su vida, Maradona denunció irregularidades, favoritismos, manejos oscuros y decisiones que, según él, dañaban al fútbol. Lo hizo en los 90, lo hizo en los 2000 y lo hizo hasta sus últimos años. Nunca se calló. Nunca se acomodó. Nunca buscó quedar bien.
Para muchos, esas críticas eran parte de su rebeldía eterna. Para otros, eran la voz de alguien que conocía el fútbol desde adentro y que no estaba dispuesto a mirar para otro lado. Lo cierto es que, cada vez que Maradona hablaba de la FIFA, hablaba desde un lugar que él consideraba moral: el del jugador que salió de abajo, que vio cómo funcionaba el poder y que decidió enfrentarlo.













