Hoy un Mundial junta a 48 selecciones, sponsors gigantes y ceremonias que parecen festivales. Pero en 1930 la historia era otra: solo 13 países, todos invitados, sin clasificatorias y con un nivel de improvisación que hoy sería impensado. Fue el primer Mundial de la FIFA y parecía más una aventura que un torneo global.
El impulsor de todo fue Jules Rimet, presidente de la FIFA y un dirigente con más romanticismo que presupuesto. Creía que el fútbol podía unir a los países después de la Primera Guerra Mundial. Tan artesanal era todo que Rimet viajó con la copa original —la Copa Jules Rimet— guardada en su maleta para que no se perdiera en el barco.
Sí, en el barco. Porque la mayoría de las delegaciones cruzó el Atlántico en el Conte Verde, entrenando en la cubierta mientras los pasajeros tomaban sol. Ahí viajaban juntos jugadores, árbitros, dirigentes y periodistas. Un Mundial literalmente flotante.
Uruguay fue elegido sede porque celebraba su centenario y porque era bicampeón olímpico. Además, ofreció pagar los gastos de todos los equipos. Aun así, solo cuatro europeos se animaron a cruzar el océano: Francia, Bélgica, Rumania y Yugoslavia.
Y Chile también estuvo ahí. La Roja aceptó la invitación sin dudar y jugó un buen torneo: le ganó 3-0 a México y 1-0 a Francia, pero cayó 3-1 con Argentina. Como solo clasificaba el primero del grupo, quedó fuera, pero terminó quinta en la tabla general. Para un Mundial que recién nacía, fue una campaña más que respetable.
El torneo tuvo detalles que hoy parecen de museo. No había balón oficial, así que en la final se jugó un tiempo con la pelota argentina y otro con la uruguaya. Los árbitros decidían sin líneas ni tecnología, y los estadios se llenaban sin controles modernos. Aun así, el fútbol ya mostraba su magnetismo: Uruguay se coronó campeón tras ganarle 4-2 a Argentina en Montevideo.
Ese primer Mundial fue pequeño, artesanal y lleno de anécdotas, pero marcó el inicio de una historia que hoy mueve millones. Todo partió con 13 invitados, un dirigente soñador y un barco cruzando el océano con la primera Copa del Mundo guardada en una maleta. Y con Chile ahí, desde el comienzo.














