CECILIA CARO/Av/LA TIRANA
Oscar Vera Lillo conoce el camino al peregrino como pocos. Desde la entrada, año tras año, hace su ingreso cargando en sus hombros la imagen de la Virgen del Carmen, tal como lo ha hecho por más de cuatro décadas. Es un gesto que no necesita explicación: para él, la devoción es parte de su vida.
Iquiqueño de corazón, cargador fiel de la Chinita, Oscar mantiene intacto el compromiso con sus creencias. Habla de fe y religiosidad con la serenidad de quien ha dedicado su vida a servirlas. “Es mucho más que amor —dice—. Es algo inexplicable, que solo un devoto o creyente puede entender”.
Su figura, siempre presente en las festividades religiosas del norte, es testimonio de una tradición que se sostiene en la entrega silenciosa de quienes, como él, cargan no solo una imagen, sino la historia y la identidad de un pueblo.













