AV
La historia del jurel San José es también la historia de la industria conservera chilena. La marca nació en 1955, cuando la empresa Pesquera San José, instalada en la zona sur, comenzó a procesar pescado para abastecer a un país que vivía entre la modernización industrial y la escasez de proteínas accesibles. En esos años, las conserveras eran parte de la vida cotidiana: plantas que trabajaban día y noche, barcos que llegaban con toneladas de jurel, caballa y atún, y obreros que daban forma a un producto que pronto sería parte inseparable de la mesa chilena.
San José lanzó su jurel en lata a fines de los años 50, y el producto se posicionó rápido. Era barato, rendidor y confiable. En una época en que el pollo era un lujo y la carne un evento dominical, el jurel se convirtió en la proteína democrática: arroz con jurel, jurel con cebolla, jurel con tomate, jurel con pan tostado. No había pretensión, solo sabor y sobrevivencia. Sin embargo, durante décadas fue mirado en menos, como si fuera un plato de emergencia, el tarro que se abría cuando no había nada más.
TIPO SALMON
La marca vivió su momento más audaz en los años 70 y parte de los 80, cuando lanzó el famoso “Jurel tipo salmón”. El nombre era tan llamativo como ingenioso. No era salmón, pero la receta buscaba imitar su textura y color, en tiempos en que el salmón era un producto aspiracional, reservado para ocasiones especiales. El “tipo salmón” ofrecía una fantasía accesible: un pescado rosado, suave, que se podía servir “como si fuera salmón”. El país lo recibió con una mezcla de curiosidad y humor. Algunos lo defendían como una genialidad, otros lo consideraban un exceso creativo. Con el tiempo, el “jurel tipo salmón” se transformó en un ícono pop, mencionado en programas de televisión, humor y sobremesas familiares.
Leer también: El Jurel San José en el corazón de los chilenos saca pecho: el otro… ni sabor tiene
Su desaparición tuvo dos causas. Primero, los cambios en la normativa de rotulación, que endurecieron las reglas para nombres que pudieran inducir a confusión con otras especies. Segundo, la estrategia comercial de la empresa, que decidió simplificar su línea y abandonar los nombres comparativos. Así, el producto se retiró silenciosamente y quedó solo en la memoria colectiva.
La cocina chilena lo reivindicó, los chefs menos cuicos lo incorporaron en preparaciones modernas y los consumidores lo valoran como un alimento sano, accesible y con historia. Su ausencia reciente en góndolas, producto de la menor disponibilidad por el fenómeno de El Niño, solo reforzó su estatus: cuando falta, se nota. Cuando vuelve, se celebra.













