Hoy termina la semana. Son días que quedarán en nuestros registros históricos. El frente de mal tiempo que azotaba al Norte Chico, la zona central y sur del país, llegó a nuestra geografía árida, desértica y marítima. Nos ha dejado más que sorprendidos y a mal traer.
El maravilloso sol que nos irradiaba desde tempranas horas, con una temperatura primaveral, nos hacía pensar que estábamos en el mismo paraíso celestial, gozando del Balneario de Cavancha y de otras actividades turísticas propias de nuestra madre naturaleza.
En menos de un abrir y cerrar de ojos, todo cambió. Los cielos se cubrieron con nubes grises, oscureciendo nuestro litoral. Vientos que fácilmente superaron los 80 km/h y una llovizna que, con el paso de las horas, se volvió intensa, con sabor a tormenta. Como era previsible, algunos soportaron mejor que otros el rigor de este frente de mal tiempo. Sin embargo, la ciudad y la región en su conjunto se vieron fuertemente afectadas. Hasta el presente, no hemos de lamentar pérdidas de vidas humanas. Todo lo material, después, se recupera.
A grosso modo, los daños materiales aún se están evaluando. Los negocios de comercio tradicional sufrieron las consecuencias por la menor presencia de clientes. En general, la actividad económica y productiva experimentó serias alteraciones. Por ejemplo, en el sector minero se tomaron medidas preventivas para proteger la seguridad de sus trabajadores bajo vientos tormentosos, lluvias torrenciales y nieve en abundancia. ¡Impresionante! Truenos y relámpagos causando miedo y terror.
En Iquique y en Alto Hospicio muchos vieron volar sus techumbres; la lluvia penetró en los dormitorios y se produjeron cortes de energía eléctrica. Algunos árboles no resistieron la fuerza del viento y se desplomaron. Se suspendieron las clases; algunas caletas de nuestro borde costero quedaron sin energía eléctrica; caminos hacia el interior fueron cortados. Casi todos los semáforos apagados y volteados. Cables eléctricos en medio de las calzadas y calles anegadas por la acumulación de agua lluvia. Todo un verdadero desastre.
Ya sabemos que nuestra ciudad no está preparada para este tipo de eventos. Nuestras autoridades desplegadas en terreno: el alcalde Mauricio Soria y su equipo, en altas horas de la madrugada, visitando los sectores poblacionales. Lo mismo nuestra Delegada Presidencial, dejando los pies en la calle y tomando medidas para mitigar los complicados momentos de las familias afectadas por el ventarrón y las lluvias. Carabineros de nuestra región y el Cuerpo de Bomberos, trabajando en forma abnegada y altruista. Nos dan un aliciente que fortalece nuestro compromiso con la identidad nacional, donde hacemos Patria cada día de nuestras vidas.
Nuestros pueblos del interior conocen muy bien los rigores del mal tiempo. Pero nosotros, parece que estas lloviznas fueran ríos desbordados y acumulación de calamidades. Poco menos que estamos viviendo el Apocalipsis profetizado por la Biblia. No. Lo que estamos viviendo es el cambio climático, causado por la acción del hombre. Hay mandatarios en este mundo que ignoran las advertencias científicas sobre el cuidado ambiental del planeta. Las consecuencias las sufren y las pagan las personas más vulnerables y pobres. Esa es la verdad ideológica de la ambición y del supremo egoísmo económico. Usted, amigo/a lector, analice y saque sus propias conclusiones con sano criterio.
Entretanto, voy a mi viejo baúl arrinconado en el cuarto que sirve de bodega. Lo abro para sacar un paraguas que se encontraba guardado como objeto inútil. Sin embargo, al apretar un botón en su manilla, éste se abrió en toda su dimensión circular. Ahora, nuevamente me protegía de la lluvia. Recuerdo que lo compré en Santiago, en esos viajes a la gran capital para resolver problemas gremiales. Hoy parece un lindo recuerdo de sacrificio.
Espero a mi nieta regalona para que me acompañe a la feria de los sábados que se instala por los alrededores de la Plaza Arica y próximo al Cementerio N°1. A veces sirve recordar esos tiempos en Santiago y en el sur del país, lluviosos y de un frío que cala los huesos. Entonces, al comparar esos climas con el nuestro, me parece estar en la gloria. Nuestra ciudad pronto volverá a la normalidad, estará más limpia y linda. Se los aseguro.
Un broche de oro: el comportamiento en general de nuestra ciudadanía. Nada de alardear por lo mal que lo están pasando. Muchas veces reclamando por lo justo, como cortes de luz o reparaciones domiciliarias, y siempre siguiendo las instrucciones de nuestras autoridades. La dirigencia social atenta y oportuna. Me consta que hacen lo que pueden para ayudar a quienes más lo necesitan. La insensatez proviene de quienes no valoran al ser humano que vive en el Norte Grande de nuestro amado país.
Con todo, vamos a recuperarnos del mal tiempo. Haremos inversiones pensando en esta amarga experiencia que llegó para quedarse. Un poco más de sacrificio e invertir en seguridad. Reparaciones más sólidas contra vientos fuertes. Que las techumbres no salgan volando y sean capaces de soportar lluvias persistentes. Que nuestras calles y calzadas tengan el desagüe apropiado. Son todas tareas que debiesen asumir gradualmente nuestras autoridades políticas. Es bueno pensar en una estrategia de conectividad de esta envergadura, preparar nuestra ciudad y región para futuros pronósticos de mal tiempo. ¿Es mucho pedir?
Tomar iniciativas preventivas más que reactivas. Esto de eliminar cables lo vengo escuchando por más de 20 años. Pero esta contaminación peligrosa vía aérea sigue reinando en una ciudad turística. ¿Quién le pone “manos a la obra” de una vez por todas?
Los dejaré con estos pensamientos. Los lindos días de sol, de la pampa, de nuestro norte salitrero y del tamarugal. En estos cielos vemos la eternidad. En las infinitas estrellas palpitan los sueños y las esperanzas. Que el amor por nuestros suelos brote con fuerza en medio de este frente de mal tiempo, el vergel y la flora de la madre naturaleza, haciendo más hermosa la vida. Me voy empapado esta mañana por el júbilo de la presente llovizna y los desafíos de nuestro complicado futuro. Gracias.













