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Domenico Modugno murió el 6 de agosto de 1994 en Lampedusa, a los 66 años, dejando atrás una de las hazañas más singulares de la música popular del siglo XX. Su canción Nel blu, dipinto di blu, que el planeta terminó llamando simplemente Volare, no solo marcó una época: rompió todas las reglas.
En 1958, el tema llegó tercero en Eurovisión, pero su verdadero impacto vino después. En Estados Unidos encabezó el ranking anual de Billboard y obtuvo los dos primeros Grammy que se entregaron en la historia, a grabación y canción del año. Para un artista italiano, aquello era terreno desconocido. Y lo sigue siendo: ningún otro tema en italiano ha vuelto a alcanzar ese nivel de éxito en el mercado estadounidense.
La canción vendió más de veintidós millones de copias y convirtió a Modugno en un símbolo de una Italia que empezaba a mostrarse al mundo con otra energía. Su mezcla de melodía, teatralidad y ese “volare” que se volvió universal terminó instalándolo en la memoria colectiva como un artista que, sin proponérselo, abrió una puerta que nadie más ha logrado cruzar.
A lo largo de su carrera, Modugno grabó más de cuarenta discos entre álbumes y compilaciones, con títulos que recorren distintas etapas creativas: desde Modugno y Piove en los años cincuenta, pasando por trabajos como Rinaldo in campo, Il maestro di violino y La lontananza, hasta producciones de los ochenta donde mantuvo su sello melódico. Su discografía refleja un artista inquieto, que no se quedó solo en el éxito de Volare, sino que siguió explorando estilos, colaboraciones y formatos.













