La jugada fue rápida, pero el debate quedó instalado. Argentina ya tenía el partido encaminado ante Argelia cuando Lionel Messi fue a disputar una pelota y terminó golpeando a Aïssa Mandi en la pantorrilla y el tendón de Aquiles. El árbitro Szymon Marciniak cobró la falta, pero guardó las tarjetas como si no hubiera pasado nada. Y ahí la prensa internacional encendió la alarma.
The New York Times, a través de The Athletic, no se anduvo con rodeos. Recordó que a lo largo de la carrera de Messi siempre ha rondado la idea de que recibe un trato más amable que el resto. Y esta vez lo dijo sin matices: “¿Trato especial? Como mínimo fue un arbitraje indulgente. Una tarjeta amarilla quizás habría sido el resultado más esperado, una roja en segundo lugar, pero Messi ciertamente tuvo suerte de salir sin castigo”.
La frase cayó como piedra en el estanque. Para algunos, la entrada era de amarilla clara; para otros, incluso de expulsión. Pero lo que realmente encendió la discusión fue la sensación de que, cuando se trata de Messi, los árbitros soplan más suave.
Mientras Argentina celebraba el 3–0 y el triplete del capitán, el debate seguía creciendo. ¿Indulgencia? ¿Respeto? ¿Temor escénico? Cada quien tiene su teoría. Lo único seguro es que, en un Mundial donde cada jugada se revisa al milímetro, esta dejó más preguntas que certezas.













