El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) celebró este primero de enero 30 años de su levantamiento contra el Gobierno mexicano y el neoliberalismo, con una fiesta para reivindicar los derechos de los pueblos originarios, que afrontan una nueva ola de violencia del crimen organizado y desplazamiento forzado.
La creación de los «zapatistas» vino con la puesta en vigor del tratado de libre comercio entre México y Estados Unidos (Nafta).

Cientos de simpatizantes del movimiento, procedentes de México y otros países, se concentraron en la selva lacandona en el caracol Dolores Hidalgo, Ocosingo, municipio del sureño estado de Chiapas, donde se gestó el movimiento zapatista en 1994.
«Lo demostramos hace 30 años: el pueblo es el que tiene que saber gobernarse», declaró el subcomandante Moisés, vocero del EZLN, quien anunció la «no propiedad» de las tierras comunitarias bajo el lema «tierra común, tierra de nadie».
Los zapatistas también rindieron homenaje a las víctimas de la violencia, de desapariciones, femicidios y reclutamiento forzoso por parte del crimen organizado en México.
El subcomandante Marcos resumió entonces las prioridades del movimiento en «pan, salud, educación, autonomía y paz» y la rebelión fue considerada por algunos analistas como el nacimiento del movimiento contra la globalización.
El diálogo entre el EZLN y el gobierno mexicano condujo a los Acuerdos de San Andrés para atender las demandas de la población indígena en febrero de 1996, año en que se creó un Consejo Nacional Indígena (CNI).













