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25

May

La Nana de la cebolla

biografiEdgardo Barría Barría

Cuando el 25 de mayo se celebra el Día del Patrimonio Cultural de Chile, se refieren los organizadores a cosas tangibles, como edificios, películas, libros entre otros, pero qué pasa con la identidad de los pueblos, aquellos momentos de la vida de cada uno de nosotros, esas historias de hambre, pobreza, represión, crímenes por pedir equidad y me pongo a pensar en aquel poema de Miguel Hernández, “Nanas de la cebolla”, la cual con el tiempo se hizo canción.

Miguel Hernández que sufrió la Guerra Civil de España, nos deja retratado la miseria del estómago, la igualdad, la educación y otras necesidades que muchos de los chilenos padecimos y otros que hoy pasan lo mismo como los sin techos, los que ganan el sueldo mínimo, pero algunos políticos que tienen el poder no quieren una vida más digna para los demás.

Cuando la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, anunció una Reforma Tributaria para el país, para que los habitantes de este país tuvieron mejor educación y gratuita, como también mejorar la salud y otras necesidades, la cual será a través de los que tienen más, o sea, los ricos, políticos de derecha fueron invadidos por una tensión agresiva, haciendo prevalecer la campaña del terror, a la cual están acostumbrados, ya que son herederos de la dictadura militar.

“En la cuna del hambre mi niño estaba. Con sangre de cebolla se amamantaba. Pero tu sangre, escarcha de azúcar, cebolla y hambre”. En este extracto, Hernández dibuja literariamente el hambre, ese dolor que invade el estómago y la impotencia que reclama justicia, el frío que corroe los huesos que se transforma en rebelión.

Los ricos que siempre se han creído los dueños del país, no quieren aportar al desarrollo del país, cosa que los pobres son los que con sus escasos recursos han construido la nación, y cuando piden equidad, sus herederos políticos no tienen el criterio del bien común de la sociedad, crean un clima de guerra, amenazas y descalificaciones y propalan mentiras sobre un supuesto caos.

Los ojos de la fe nos pueden ayudar a ver que con la Reforma Tributaria, este país puede avanzar a una vida un poco más digna, porque las cosas buenas provienen después de la miseria que nosotros padecimos, de vivir en casa con piso de tierra, cuyo alumbrado era una vela, un pozo séptico que reemplazaba el baño y agua proveniente de un pilón usado por todos los vecinos, educado en una humilde escuela, pero nunca mis ojos se despegaron de los libros.

Las reformas anunciadas por la Presidenta, son un paso significativo para quienes conocimos, vivimos y dormimos a diario con la extrema pobreza y lo que hoy tenemos ha sido un logro importante en nuestras vidas, no hay que tener temor a los cambios.

“Es tu risa la espada más victoriosa. Vencedor de las flores y las alondras. Rival del sol. Provenir de mis huesos y de mi amor… Vuela niño en la doble luna del pecho. Él, triste de cebolla. Tú, satisfecho. No te derrumbes. No sepas lo que pasa ni lo que ocurre”. Con esa pluma literaria, Miguel Hernández me recrea esa cebolla que muchas noches convertida en sopa, abrigó mi esperanza, me educó a entender hasta el día de hoy a los pobres, a defender sus derechos, a sentir el dolor de un mundo mejor, mientras los ricos se escandalizan por pagar de verdad un impuesto.

La deuda social heredada de la dictadura, de que el pobre siempre lo va a ser, porque hasta que se muera será pobre, ante la riqueza que acumulan las AFPs y no es compartida para una jubilación digna, es una vergüenza que los ricos no conocen.

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