Este 24 de junio se cumplieron 30 años del asesinato de Ximena Eissmann, la joven iquiqueña de 21 años cuyo crimen marcó a la ciudad en los años noventa y que, pese al paso del tiempo, sigue sin responsables. Su familia continúa señalando que la investigación inicial tuvo falencias que impidieron esclarecer los hechos.
Ximena desapareció el 24 de junio de 1996, luego de tomar un taxi colectivo en el centro de Iquique. Dos días después, su cuerpo fue encontrado en playa Coroma, sector Palo Buque, con una herida profunda en la cabeza y múltiples contusiones. El hallazgo generó conmoción en la ciudad y abrió una investigación que, con los años, se fue diluyendo sin resultados concretos.
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En 2016, cuando se cumplieron 20 años del crimen, los padres de Ximena conversaron con El Sol de Iquique y expresaron su frustración por la falta de avances. “Estamos agotados, estuvimos diez años luchando. Nosotros llevábamos antecedentes y nunca la justicia se dedicó a seguir con la investigación”, señalaron entonces. También recordaron que “nunca hubo una dedicación de seguir ciertas líneas en las cuales podían haber sacado algo en limpio. Había muchas hipótesis que deberían haber llevado a concluir el caso”.
JULIO PEREZ
Una de esas hipótesis apuntaba al entonces desconocido Julio Pérez Silva, quien años después sería identificado como el psicópata de Alto Hospicio. La familia siempre consideró que su nombre debía investigarse con mayor profundidad. “También pensamos que pudo haber sido el psicópata de Alto Hospicio, Julio Pérez Silva. Si tomamos en cuenta y lo asociamos Ximena, ella fue asesinada en 1996, y al año siguiente fue asesinada una niña en Chanavayita y de ahí él se fue a Hospicio. Allá sigue con una secuela de crímenes”, relataron.
Lo que más llamó la atención de los padres fue un detalle que, según ellos, nunca se investigó a fondo. “Lo que nos llamó la atención es que este tipo le iba a dejar flores al lugar donde encontraron a Ximena. Él sabía dónde estaba, en Palo de Buque, sector Playa Coroma. Yo pensaba que a Pérez Silva había que investigarlo a fondo. Cuando interrogan a Pérez Silva nunca le mostraron una foto de Ximena. Le exhibían las imágenes y él iba reconociendo a las víctimas”.
Pese a estas sospechas, esa línea no prosperó. La causa terminó cerrada y solo podría reabrirse si surgieran nuevos antecedentes. Con el paso del tiempo, el caso se transformó en un símbolo de impunidad en la región y en un recordatorio de una investigación que nunca logró sostener una tesis definitiva.
A tres décadas del crimen, la familia de Ximena sigue esperando respuestas.













