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Jun·26

Amargas lecciones de un aterrador desastre natural | Nelson Mondaca I.

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Nelson C. Mondaca Ijalba
nmonijalba@gmail.com

En Chile sabemos de fuertes sismos, porque somos un país sísmico. Sin dudas, estos movimientos telúricos nos han dejado una cultura sobre el comportamiento de la madre naturaleza. Por esta simple razón, lo ocurrido en Venezuela nos toca profundamente el alma.

Dos terremotos seguidos. Cada día que pasa, las noticias oficiales dan cuenta de que se suman nuevas víctimas. Las primeras informaciones que circulaban en la prensa hablaban de 194 fallecidos, lo cual, desde mi punto de vista, ya era una noticia trágica y alarmante.

A tres y cuatro días de ocurrido este fuerte movimiento sísmico, ahora esta cifra —al momento de escribir esta columna— supera las 920 personas. Es decir, a medida que avanzan las horas, aumenta el número de muertos por este terremoto en el hermano país. La verdadera magnitud de esta tragedia la sabremos cuando terminen las faenas de rescate y se determine el paradero de las personas desaparecidas.

Venezuela quedó impactada y La Guaira, zona del epicentro —grados 7,2 y 7,5—, quedó absolutamente destruida. Las imágenes mostraban escenas aterradoras: edificios totalmente derrumbados como si fueran toneladas de escombros amontonados, aplastando vidas en pleno centro de la ciudad. Gritos de auxilio, de dolor y sufrimiento; la agonía viviente de la muerte. Imposible que un ser humano no sintiera palpitar más fuerte su corazón.

Una terrible tragedia. Aquí no corren las tendencias políticas. Tampoco se hacen distingos de clases sociales. Ni pobres ni ricos. Creyentes y ateos: somos seres humanos, y eso es lo que prevalece ante una inesperada y multiplicada desgracia. Lejos de pasiones políticas e ideologías, ennoblece nuestra existencia cuando anteponemos la virtud solidaria al servicio del bien común para enfrentar una catástrofe sideral en nuestro planeta.

Al respecto, sinceramente, me parece muy digna la ayuda que están brindando los países del mundo al pueblo venezolano. Chile, desde que conoció este doble terremoto, a través del gobierno del presidente Kast, por encima de no tener relaciones diplomáticas con Venezuela, ha brindado ayuda directa, apoyando la subsistencia de quienes padecen el dolor de este tremendo desastre de la naturaleza.

Tal vez esta acción solidaria no le guste al patrón del fundo y amo de nuestro continente sudamericano, hoy de paso en el gobierno norteamericano, el señor Donald Trumpo. A lo mejor se le ocurre aplicar nuevas, unilaterales y arbitrarias alzas arancelarias a los productos chilenos. Todo puede ser. Miren ustedes: nos dice que ya firmó una tregua con Irán y, al día siguiente, lo está bombardeando con mayor fuerza que antes. Todo porque no quiere admitir que es Irán quien tiene el control del Paso de Ormuz. No sería extraño que justificara estos bombardeos en razón de “legítima defensa”, tal como destruyó pequeñas naves de pesca artesanal, matando a toda su tripulación bajo el pretexto del combate al narcotráfico en la costa de Venezuela. Después, violando todas las normas del derecho internacional, en medio de la noche raptó al expresidente Maduro y se lo llevó a EE.UU. En fin, esto es materia que la historia, sin dudas, le dedicará un par de capítulos. De todas maneras, es un hombre inteligente, poderoso empresario y sagaz político.

Volviendo al tema del desastre. Tengamos presente que estos terremotos pueden venir el día menos pensado en cualquier lugar del mundo. La pregunta del millón, que llama a la reflexión: ¿dónde será el próximo? Imposible hacer predicciones.

Normalmente, científicos, físicos, prestigiosas universidades, sismólogos y geólogos han desarrollado diversas teorías tratando de anticiparse a estos repentinos y violentos movimientos de la tierra, especialmente en lugares volcánicos y en la Placa de Nazca. Los Estados han invertido recursos en estudios sismológicos, mapeando y rastreando las huellas de estos movimientos, dónde comienzan y dónde terminan. Un trazado que ayuda a prevenir, pero que no puede evitarlos.

No sé si me explico bien. Esa es la realidad: la prevención y la seguridad. Parece algo fácil de hacer. Sin embargo, con el correr del tiempo uno se da cuenta de que pronto olvidamos. Por las labores cotidianas, responsabilidades propias de cada persona y la vida familiar, la mayoría de las veces las dejamos de lado. Como todo está relativamente tranquilo, descuidamos las medidas de prevención y seguridad.

Lo acontecido en Venezuela debiera reactivar nuestras medidas preventivas frente a estos movimientos telúricos. Por ejemplo: protegerse en un lugar seguro, cortar los suministros de gas y electricidad, mantener al día la mochila de emergencia con los implementos indispensables, evacuar hacia los lugares de seguridad preestablecidos por las autoridades y organismos competentes, revisar y actualizar estas vías de evacuación.

En Iquique y otras ciudades de Chile estamos expuestos a tsunamis. Deberíamos, en los colegios y lugares ubicados en zonas de inundación, repasar las medidas de evacuación y las respectivas señaléticas. En lo personal, me preocupa el sector industrial del norte de Iquique: pesqueras, Zofri e industrias. Colegios y pequeñas empresas que, por la intensidad de mano de obra, constituyen un cuello de botella que bien podría dejarnos en un desastre superior al ocurrido recién en Venezuela.

Está escrito: las autoridades tienen que hacer algo al respecto. Los ejercicios de evacuación siempre son necesarios. Por otra parte, el Ministerio de Urbanismo y Vivienda debe hacer que las empresas constructoras cumplan con las normas establecidas, sin frenar el crecimiento de la solución habitacional y eliminando la burocracia de la permisología heredada de la administración de Boric. Como dice la sabia enseñanza popular, de sentido común: “Pastelero a tus pasteles”.

Esto que acabo de señalar lo digo con altura de miras. He vivido una amarga experiencia sobre el particular ante una iniciativa del Sindicato Histórico de los Trabajadores de Zofri, que desde 2017 viene patrocinando un proyecto de solución habitacional: “Condominio Mar Pacífico Norte”. Veremos cómo nos va ahora. Estamos tomando contacto con las nuevas autoridades y parlamentarios de nuestra región. Próximamente les informaré el resultado de estas gestiones. Gracias.

Nelson C. Mondaca Ijalba nmonijalba@gmail.com

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