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Si pensabas que la arqueología se trataba solo de fósiles y pirámides, te tenemos una noticia: ahora también incluye tapitas de Coca-Cola que supuestamente detienen el progreso del país. O al menos, así lo han vendido los candidatos Evelyn Matthei y José Antonio Kast, quienes han convertido este relato en una bandera contra la burocracia.
Según la historia que circuló, la construcción de la Línea 7 del Metro de Santiago quedó paralizada porque el Consejo de Monumentos Nacionales habría considerado tres tapitas oxidadas como patrimonio. Un relato digno de caricatura… pero completamente falso.
Investigadores de la Universidad Austral y la Universidad de Chile desmintieron categóricamente el mito, aclarando que en las excavaciones realizadas en la antigua fábrica Gubler y Cousiño no apareció ninguna tapita de Coca-Cola. Lo que sí se encontró fueron vestigios industriales del siglo XIX, incluyendo evidencia de trabajo infantil en la producción de hielo, un hallazgo real y relevante, aunque mucho menos comercializable para redes sociales.
Lo sorprendente no es solo que el relato sea falso, sino cómo ha sido utilizado políticamente. La frase «Chile se detiene por tres tapitas» es un eslogan mucho más efectivo que una discusión seria sobre la conservación del patrimonio. Con una simplificación extrema, el tema pasó de ser una desinformación a convertirse en símbolo de una supuesta «burocracia excesiva».
Así que, la próxima vez que alguien mencione las famosas tapitas como un obstáculo para el desarrollo, recuerda esto: nunca existieron, pero el mito sigue rodando como si fuera real.













