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La sensación está instalada hace rato, pero ahora tiene números que la respaldan. Según la Encuesta Democracia UDP & Feedback 2026, difundida por Radio Bío Bío, un 88% de las personas cree que el acceso a la justicia en Chile depende del dinero, los contactos o incluso del lugar donde uno vive. O sea, que la balanza no está pareja y que algunos entran al tribunal con viento a favor mientras otros parten cuesta arriba.
Y, al parecer, la gente lo siente en carne propia. Por eso los demás datos del estudio tampoco sorprenden:
• 58% dice que la justicia ha empeorado en los últimos años.
• 89% considera difícil o muy difícil que una persona común logre hacer valer sus derechos en tribunales.
• 90% cree que tener una defensa legal costosa es decisivo en un caso penal.
• 86% no cree que la justicia mida con la misma vara a todos.
• 98% ve falta de transparencia y favoritismo.
• 99% percibe la corrupción como un problema grave.
Con ese panorama, ¿cómo no va a sentir la gente que la justicia llega tarde, llega mal o simplemente no llega? La percepción es clara: si tienes plata, redes o apellido conocido, el sistema se mueve distinto.
La encuesta no hace más que ponerle números a lo que muchos comentan en la feria del barrio El Morro que se instala allí los viernes, en la micro o en la sobremesa: la justicia chilena parece funcionar mejor para unos que para otros.
Y para muestra, un botón.
Hace unos días, un hombre fue sorprendido manejando a 264 kilómetros por hora en una autopista urbana de Santiago. Lo detuvieron, lo formalizaron… y aun así quedó libre con firma mensual. Conservó su licencia y, para rematar, no se puede revelar su identidad porque legalmente no está imputado por un delito que permita hacerlo.
La ley lo permite, sí. Pero para la gente común y corriente, que por mucho menos puede terminar con el auto retenido o con una mañana entera en tribunales, casos como este solo confirman lo que dice ese 88%: la justicia en Chile no estaría midiendo igual para todos.













