Verónica Alejandra Lizana Muñoz
“Exista o no… la asignatura de educación cívica, la enseñanza de todos los ramos, como el ambiente mismo del colegio, deben estar impregnados de la tendencia de formar al ciudadano/a, al chileno/a que será obrero/a consciente de nuestra evolución progresiva. La cultura literaria y científica desprovista del espíritu de cooperación, de ayuda mutua, de solidaridad, es no solo anacrónica sino perjudicial, porque engendra el egoísmo. La educación debe, por el contrario, hacer obra nacional, uniendo a los/las chilenos/as en el pensamiento central y ardoroso de que es preciso emplear las energías en la conservación, bienestar y perfeccionamiento de nuestra patria; comunicando la fe en sus destinos y la resolución de cooperar a realizarlos… Debe inculcárseles a los educandos el deber de proteger la industria nacional en todas sus manifestaciones, haciéndoles comprender la utilidad social que hay en ello, y si es posible, con la visita a los establecimientos respectivos, demostrarles la capacidad que tenemos para llegar a bastarnos nosotros mismos”. Pedro Aguirre Cerda (1918)
En el año 1860, la “Ley de Instrucción Primaria” consignó los siguientes aspectos:
1) Entre el número de escuelas y el número de habitantes existía una relación proporcional. Las que eran exigidas, fundadas y establecidas a lo largo del territorio nacional por cada dos mil personas.
2) La Inspección de Instrucción Primaria actuaba como Superintendencia de la Educación.
3) Las escuelas públicas, fiscales o municipales, eran abiertas, diversas y gratuitas.
4) El financiamiento de las escuelas públicas provenía de las arcas fiscales y municipales. Las que cubrían el sueldo del preceptor/a; el arriendo o propiedad del local; la distribución de útiles y textos escolares; el funcionamiento de las bibliotecas populares.
5) En un Estado-Docente, los/las preceptores/as eran empleados/as públicos/as con derecho a jubilación. Quienes recibían una preparación gratuita, para luego retribuirla con un trabajo abnegado en zonas apartadas.
En el año 2014, gracias a la “Ley del más fuerte”:
1) No existe una proporción racional y equitativa entre la cantidad de escuelas y la cantidad de habitantes en edad escolar. Las que aparecen, crecen y/o desaparecen indiscriminadamente según el orden e inversión económica de tales servicios.
2) El Ministerio de Educación no tiene un impacto sustantivo y significativo en los principios de calidad, equidad e igualdad de oportunidades de las instituciones educativas.
3) Si bien, las escuelas municipales son gratuitas. Éstas han perdido progresivamente su prestigio, estatus y reconocimiento social. Ya sea por los bajos puntajes obtenidos en las mediciones estandarizadas nacionales e internacionales. O por los niveles insuficientes e insatisfactorios del desempeño profesional docente.
4) El financiamiento de las escuelas municipales deriva del presupuesto de la Nación. Por lo que cubre el sueldo del profesorado; el arriendo o propiedad de los establecimientos; la distribución de útiles y textos escolares; el funcionamiento de las bibliotecas públicas.
5) En un Estado-Subsidiario, los/las maestros/as viven agobiados/as por las precarias condiciones laborales y salariales… o están fastidiados/as por las altas exigencias socio-profesionales. Quienes no tienen la categoría de empleados/as públicos/as, ni cuentan con el derecho a una jubilación justa y digna por los años de servicio.
Actualmente, los/las docentes ejercen sus roles y funciones en circunstancias precarias, difíciles e inestables. Pero tales condiciones de trabajo empeoran cuando los/las sostenedores/as se niegan a contratarlos/as de manera definitiva. Cuando las instituciones educativas están en zonas rurales o en regiones geográficamente muy apartadas de los centros urbanos. Cuando los/las estudiantes utilizan una lengua vernácula, dado que proceden de comunidades inmigrantes, monolingües e indígenas. Y cuando la composición de los cursos es numerosa, compleja o presenta altos índices de vulnerabilidad socio-económica.
Asimismo, las evaluaciones estandarizadas han incido negativamente en los niveles de reclutamiento, deserción y rotación de los/las maestros/as. Como también, la carencia de autonomía profesional y la sobrecarga de tareas administrativas han afectado la profundidad, creatividad e innovación de las prácticas de enseñanza y procesos de aprendizaje… De manera que dichos factores siguen obstaculizando la decisión de ingresar, permanecer y/o abandonar la profesión docente…
Por tales razones, te invito a caminar conmigo este jueves 8 de mayo…
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