La familia de un niño de siete años de Alto Hospicio está impulsando una campaña comunitaria para aumentar la comprensión sobre la baja visión, una condición que no siempre es evidente a simple vista pero que afecta profundamente la vida cotidiana. Se trata de José Manuel Fonseca Monsalve, estudiante del Colegio Domingo Savio, diagnosticado con Amaurosis Congénita de Leber, enfermedad que provoca una disminución severa de la visión desde el nacimiento.
La baja visión implica que, aun con lentes o tratamientos, la persona mantiene un nivel visual reducido que dificulta tareas tan básicas como desplazarse con seguridad, reconocer rostros, leer señales o reaccionar a estímulos del entorno. No siempre se acompaña de bastón u otras ayudas visibles, lo que genera malentendidos y falta de empatía en espacios públicos.
Para enfrentar estas barreras, José Manuel utiliza un lanyard de identificación, una herramienta que permite alertar a su entorno de que necesita más tiempo, espacio y comprensión. Este distintivo facilita interacciones más respetuosas y reduce situaciones de estrés o riesgo en lugares concurridos.
La iniciativa de la familia se conecta con el trabajo que desde el sur del país impulsa Paola Zúñiga Ruiz, quien vive con Retinosis Pigmentaria y creó el lanyard “Baja Visión” para visibilizar discapacidades visuales invisibles. Tras jubilar por invalidez, decidió financiar y distribuir gratuitamente este distintivo, que hoy es utilizado por personas de distintas regiones como una forma simple pero efectiva de promover empatía y derribar prejuicios.
La experiencia de José Manuel y el impulso de Paola convergen en un mismo objetivo: que la comunidad comprenda que la baja visión existe, es diversa y requiere un entorno más consciente y respetuoso.













