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Más de 70 organizaciones de salud y agrupaciones de apoyo a pacientes piden al Presidente Kast que se suspenda el próximo cambio de hora. Dicen que no es un simple trámite, que no es ‘mover el reloj y listo’, sino una medida que termina afectando el sueño, el ánimo y el funcionamiento diario de miles de personas.
Las agrupaciones explican que cada vez que Chile adelanta o atrasa la hora, el cuerpo se desajusta: cuesta dormir, cuesta despertar, hay más irritabilidad, menos concentración y más cansancio. Y que esto golpea con más fuerza a niños, adultos mayores, personas con autismo y quienes viven con trastornos del ánimo. Por eso enviaron una carta al Gobierno pidiendo frenar el cambio programado para septiembre.
El doctor Patricio Mardónez fue especialmente claro y directo al resumir el problema: “No se puede seguir jugando con el reloj biológico de las personas como si se tratara de un simple ajuste administrativo”, dijo, apuntando a que la evidencia científica ya demostró que estos cambios artificiales de luz y oscuridad tienen consecuencias reales.
Las organizaciones piden dejar atrás los ajustes bianuales y avanzar hacia un horario único y estable para el país, que no obligue a la población a adaptarse dos veces al año a un ritmo que no es natural.
Chile comenzó a cambiar la hora en los años sesenta, primero para ahorrar energía aprovechando mejor la luz del día. Con el tiempo, la medida se mantuvo por razones de coordinación internacional y costumbre administrativa. Hoy, sin embargo, cada vez más especialistas coinciden en que los efectos sobre la salud pesan más que los beneficios.













