La Paz amaneció otra vez cercada. No es metáfora ni exageración: los bloqueos siguen firmes y las rutas clave continúan cortadas pese a los operativos policiales y militares que intentan abrir paso a cuentagotas. La Administradora Boliviana de Carreteras reporta entre 22 y 50 puntos de bloqueo activos, dependiendo de la hora del día, y la capital boliviana funciona a medias, cuando funciona.
Los sectores movilizados —campesinos del altiplano, organizaciones sociales, la COB, grupos urbanos y el evismo que llegó marchando desde Caracollo— mantienen una sola consigna: la renuncia del presidente Rodrigo Paz. La presión subió varios grados con la llegada de la marcha a El Alto, donde sus dirigentes anunciaron que “asumirán la posta” para sostener la exigencia de salida del mandatario.
El Gobierno desplegó un operativo conjunto con 2.500 policías y 1.000 militares para habilitar un corredor humanitario que permita el ingreso de oxígeno, medicamentos, combustible y alimentos. La estrategia logró abrir algunos tramos, pero los bloqueos se reinstalan al caer la tarde, como si fuera un juego de resistencia que nadie está dispuesto a perder.
DETENIDOS
La Defensoría del Pueblo informó de 47 detenidos y al menos cinco heridos en distintos puntos del país. También se registraron agresiones a periodistas, uso de agentes químicos por parte de la Policía y denuncias de utilización de dinamita por algunos grupos movilizados. El clima está tenso y cada jornada suma un capítulo nuevo.
El transporte pesado calcula más de 5.000 camiones varados en rutas que conectan con Oruro, El Alto, Copacabana y los pasos hacia Chile. Las pérdidas diarias rondan los cinco millones de bolivianos, mientras los conductores denuncian falta de agua, alimentos y medicamentos.
La crisis política y social no muestra señales de aflojar. Los discursos en El Alto hablan de radicalizar medidas y “no retroceder”, mientras el Gobierno insiste en que no habrá renuncia y que se mantendrán los operativos para garantizar el abastecimiento.













