En el año 2019 se cumplieron 50 años de la llegada del Apolo 11 a la Luna. En esa oportunidad solicitamos a los lectores y lectoras de El Sol que vivieron esa época, nos relatan como fue la experiencia.
En 1969, la llegada del Apolo a la Luna revolucionó el último año de la década del sesenta. Los medios de comunicación exhibían portadas con los astronautas que llegarían al satélite, las emisoras también dedicaban sus espacios a un hecho histórico.
En Iquique, muy lejos del comando de control en Houston, había muy pocos televisores y la imagen captada era mala, tomadas de la antena repetidora de Televisión Nacional de Chile de Antofagasta.
Pero quien tuvo una posición casi privilegiada para ver cuando Neil Armstrong descendió en la Luna, es el profe Jaime Campusano, que ocho años antes había emigrado de Iquique para ir a estudiar a Santiago.
“En 1969 estaba egresando de la universidad y esa noche (20 de julio de 1969), estábamos en Puente Alto. Habíamos ido a carretear y buscamos una parte donde ver este magno evento. Eran pasada las nueve de la noche, nos comimos unos hotdog y bebimos unas Guindas Nobis. Vi esa majestuosidad, que al principio no me la quería creer. Algo me decía que ahí había algo trucho, algo que no podría. Cómo el hombre iba a ir a la Luna. Es tan relejos y le va a achuntar a un espacio, que te equivocas en un grado y terminas vendiendo Chumbeque en Saturno”, recordó el profe Jaime Campusano.
Bernardo Yáñez, periodista.
“Yo recuerdo que fue un día domingo, tipo cuatro de la tarde. Yo escuche pro radio. Fue una experiencia bastante positiva porque se le puso mucho énfasis a que el hombre había llegado a la Luna. Mi impresión fue de mucho asombro ¿cuál era el interés de estar allá? ¿cuál era el interés que el hombre llegara a la Luna. Eran interrogantes de la época. Se hablaba de la distancia, que era un viaje muy largo y el retorno, pensaba cómo se las arreglaban en la nave espacial para comer, tomar líquidos, cómo lo hacían para ir al baño. Después me entere que usaron pañales, ya que estaban en un lugar físico. Fue el gran acontecimiento”.
Jorge Aracena, profesor.
“Tenía diez años y lo vi en una televisión Westinghouse de caja de madera y creyendo a medias, ya que los papas y la familia no podía creer los que estaba viendo en blanco y negro. Mucha gente se sorprendía y otra no lo creía. Y, recuerdo en detalles de lo que ocurrió hace cincuenta en televisor y luego en los diarios. Yo vivía en Thompson, entre Héroe de la Concepción con Bonilla. En esa época había dos o tres televisores en la cuadra, no toda la gente tenía un aparato. Nos juntamos amigos y la familia mis sobrinos”.













