Las mujeres en situación de discapacidad y cuidadoras enfrentan exclusión, violencia y barreras estructurales que exigen un cambio hacia la equidad.
En el Día Internacional de la Mujer, Chile enfrenta el desafío de visibilizar a grupos históricamente olvidados: las mujeres en situación de discapacidad (MeSD) y las cuidadoras, quienes soportan múltiples barreras y desigualdades en su vida diaria.
Según la Encuesta Nacional de Discapacidad y Dependencia (ENDIDE) 2022, el 21,9% de las mujeres adultas en Chile tiene alguna discapacidad, frente al 13,1% de los hombres. Además, la dependencia funcional afecta más a las mujeres (12,4%) que a los hombres (9,8%). Estas cifras reflejan una profunda desigualdad estructural que incrementa la violencia y la exclusión. ONU Mujeres estima que el 70% de las MeSD ha sufrido violencia intrafamiliar, mientras que su acceso a empleo formal sigue siendo limitado: solo el 36% de los contratos laborales para personas con discapacidad corresponden a mujeres.
El cuidado, una labor mayoritariamente femenina, agrava estas brechas. En Chile, son principalmente las mujeres quienes cuidan a personas dependientes, lo que las deja atrapadas en ciclos de dependencia económica y aislamiento social. Esta situación exige políticas públicas urgentes que garanticen su bienestar y promuevan la corresponsabilidad social, aprendiendo de experiencias internacionales como las de Costa Rica y Uruguay.
Frente a esta realidad, organizaciones como la Fundación Chilena para la Discapacidad han planteado protocolos para atender casos de violencia hacia las MeSD y apoyar a las cuidadoras. Sin embargo, se requiere mayor compromiso del Estado, el sector privado y la sociedad civil para eliminar barreras y garantizar la inclusión plena de todas las mujeres.
Este 8 de marzo, más que conmemorar, es momento de actuar. Construir un país equitativo e inclusivo comienza por reconocer a quienes han sido invisibilizadas y trabajar para garantizar su dignidad y autonomía.













