
Cientista Político y Administrador Público
Universidad Tecnológica Latinoamericana
El reciente informe de la Contraloría General de la República ha revelado una alarmante realidad: entre 2023 y 2024, más de 25.000 funcionarios públicos chilenos viajaron al extranjero mientras estaban con licencia médica, emitiéndose un total de 35.585 licencias que permitieron 59.575 entradas o salidas del país. Este escándalo no solo representa un fraude económico, sino también una profunda crisis ética en la administración pública. Uno de los padres de la filosofía, Aristóteles, define la ética como la búsqueda del bien y la felicidad (eudaimonía), que se alcanza viviendo una vida virtuosa. Lo que nos lleva a cuestionar como la sociedad se ha perdido en la práctica del buen vivir, normalizando aquello que no se puede o no se debe normalizar.
Entre los casos más notorios destaca el de Raúl Domínguez, amigo cercano del presidente Gabriel Boric y hasta hace poco jefe de la División de Políticas Regulatorias y Estudios de la Subsecretaría de Telecomunicaciones (Subtel). Domínguez se vio obligado a presentar su renuncia tras revelarse que viajó a Europa mientras se encontraba con licencia médica. En el servicio público, estar con licencia no implica dejar de percibir el sueldo íntegro, un beneficio que, lamentablemente, algunos funcionarios parecen haber transformado en una puerta abierta a vacaciones pagadas, financiadas por todos los contribuyentes. Este abuso no solo daña la confianza ciudadana, sino que también evidencia serias falencias en los controles del Estado.
Otro caso relevante es el del exministro Marcos Barraza (PC), quien aparece en el listado de la Contraloría por haber viajado al extranjero mientras se encontraba con licencia médica. Aunque Barraza ha negado cualquier irregularidad, argumentando que su enfermedad comenzó al regresar del viaje, su inclusión en el informe siembra dudas sobre la transparencia y el uso responsable de las licencias médicas por parte de altos funcionarios. Este tipo de situaciones alimenta la percepción de que las licencias se convierten, en algunos casos, en permisos pagados para realizar proselitismo político en el extranjero o disfrutar de escapadas al Caribe, mientras los contribuyentes financian esas ausencias.
El problema no se limita a casos individuales. Instituciones clave como la Junta Nacional de Jardines Infantiles (Junji) y la Fundación Integra, dedicadas a la educación de la primera infancia, están entre las más afectadas, con 2.280 y 1.934 licencias respectivamente. Esto refleja una falta de compromiso con servicios esenciales para el desarrollo del país. En estos casos nos lleva a cuestionar la capacidad de control de las jefaturas para realizar seguimiento o fiscalizar los excesos de licencias, en los niveles más importantes de la educación temprana.
Ante esta situación, el Ministerio de Hacienda ha anunciado la creación de un Comité Nacional de Ausentismo para coordinar acciones, enfrentar el uso indebido de las licencias médicas en la administración pública, iniciar sumarios y exigir el reintegro de los fondos públicos malversados. Sin embargo, como ocurre con muchas mesas y comisiones de trabajo en Chile, existe el riesgo de que todo termine en meras declaraciones de buenas intenciones, sin resultados concretos. Frente al evidente abuso y al verdadero “microtráfico” de licencias médicas, lo que se necesita no son solo diagnósticos, sino acciones firmes: perseguir a los funcionarios que engañaron al sistema, exigir la devolución de los montos defraudados, desvincularlos de los servicios públicos y establecer prohibiciones efectivas para que no puedan volver a ejercer cargos en el aparato estatal durante al menos 5 o 10 años. Solo así se puede recuperar la confianza ciudadana y marcar un precedente real.
Es fundamental que se implementen medidas más estrictas para prevenir y sancionar estos abusos. En países como Francia, la falsificación de una licencia médica o su uso fraudulento conlleva penas de prisión efectiva y multas significativas.
La confianza en las instituciones públicas se ve erosionada cuando quienes deben ser ejemplo de integridad cometen actos que traicionan esa confianza. Es imperativo que se refuercen los mecanismos de control y se promueva una cultura de ética y responsabilidad en el servicio público.
En Chile, un fenómeno preocupante dentro del sistema de salud pública es el de médicos contratados en hospitales o consultorios del sector público que presentan licencias médicas para justificar ausencias, mientras en paralelo prestan servicios en el mundo privado o incluso en otros organismos públicos.
Esta práctica no solo constituye una falta grave a la ética profesional, sino que también erosiona la confianza de los pacientes y del sistema en general, afecta gravemente la continuidad de la atención en recintos ya sobrecargados, y genera un uso indebido de recursos públicos. Además, se configura como una vulneración al principio de probidad administrativa, ya que los funcionarios públicos están obligados a actuar con lealtad hacia la institución y la ciudadanía, y no a lucrar doblemente aprovechándose de vacíos o deficiencias en la fiscalización.
Combatir este tipo de prácticas requiere fortalecer los controles cruzados entre servicios públicos y privados, aumentar las sanciones por incumplimiento y avanzar hacia un sistema que priorice la transparencia y la responsabilidad en la gestión del recurso humano en salud.
Este escándalo debe ser un punto de inflexión para revisar y fortalecer los valores que sustentan nuestra administración pública. Solo así podremos garantizar que el Estado funcione con la transparencia y eficiencia que la ciudadanía merece.
Cerraré esta columna citando al filósofo pitagórico Demócrates:
“Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa”.
Hoy, lamentablemente, vivimos en una sociedad donde el villano parece ser digno de admiración y el verdadero héroe, aquel que actúa con rectitud, termina siendo blanco de burlas y censuras. Es un reflejo preocupante de los tiempos, donde se aplaude el descaro y se castiga la integridad.













