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23

Jun

Carlitos cada día canta mejor: a 90 años de la partida del “zorzal criollo”

Esta semana, Radio El Sol de Iquique emitirá un especial con pasajes de la vida de Carlos Gardel y esas canciones suyas que, aunque pasen los años, aún se escuchan con gusto y emoción.

JCN

«Carlitos cada día canta mejor», es una frase que he escuchado una y otra vez en boca de quienes lo siguen admirando. Gardel, ídolo eterno de la canción argentina, falleció en la cúspide de su fama, víctima de un accidente aéreo en Colombia. De eso han pasado ya 90 años. Tiempo más que suficiente para alimentar el mito.

Porque de Gardel se puede hablar desde todos los ángulos: su origen —todavía discutido—, sus dotes como cantante o incluso su paso por rincones oscuros. Su vida fue una aventura desde que trabajaba en el mercado del Abasto, en aquella Buenos Aires refinada con toques franceses de comienzos del siglo XX. Carlitos —como le decían sus amigos— empezó de abajo, y se cuenta que en su juventud estuvo cerca de actos delictivos… pero ya se sabe, a los ídolos se les perdona todo.

Hay aspectos jugosos en la vida del “zorzal criollo” que muchos historiadores prefieren omitir para conservar su imagen idealizada. Más allá de su voz, Gardel tenía fama de tener suerte con las mujeres. No le costaba conquistar, y tampoco era raro que después de una noche apasionada compartiera el desayuno. Para la época, fue una vida bastante licenciosa —muy lejos de las normas estrictas impuestas por la iglesia o la sociedad conservadora—, pero sus biógrafos suelen evitar esos detalles.

Otro dato poco mencionado: Carlitos luchó toda su vida contra el sobrepeso. Era algo que lo incomodaba, pero supo disimularlo con la ayuda de excelentes sastres de la calle Corrientes.

Gardel en Valparaíso

Antes de convertirse en estrella de cine y leyenda del tango, Gardel visitó Chile. Pero no llegó directo a Santiago, sino a Valparaíso, junto a su inseparable compañero José Razzano. Con sus guitarras se presentaron en el desaparecido Teatro Colón, en septiembre de 1917. El éxito fue tal que también actuaron en Viña del Mar y, más tarde, en la capital.

“Volver”, “Por una cabeza”, “Cuesta abajo”, “Mi Buenos Aires querido”, “Rubias de Nueva York”… en cada una de esas canciones vibra la voz inconfundible de Gardel, arropada por guitarras y a veces en bandoneones.

Un dato poco conocido: en 1974, gracias a la tecnología de entonces, se remasterizó parte de su discografía y se le agregó música de la orquesta de Alfredo De Ángelis. Hoy eso es casi una curiosidad, porque el alma de Gardel vive mejor entre ruidos de púa, cuerdas y nostalgia.

A Carlitos, Charles Romuald Gardès, hay que escucharlo con oído atento. Porque sí, cada día canta mejor.

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