Se cumplen 90 años desde que Carlos Gardel, el Zorzal Criollo, se fue en un accidente aéreo en Medellín. Pero si algo nos enseñó el tango es que hay ausencias que no se notan, porque siguen cantando en cada esquina, en cada bandoneón, en cada vuelta al barrio. Y Gardel, como dice el dicho, cada día canta mejor.
Entre todas sus joyas, hay una que se volvió himno: Volver. Esa canción que arranca con “Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno” y ya te deja con un nudo en la garganta. La escribió junto a Alfredo Le Pera, su socio creativo, y la cantó por primera vez en la película El día que me quieras, apenas unos meses antes de su muerte.
Volver no es solo un tango. Es una declaración de nostalgia, de tiempo que pasa, de amores que duelen y recuerdos que no se van. Es ese abrazo que uno se da con el pasado, aunque duela. Y por eso sigue sonando, porque todos tenemos algo —o alguien— a quien quisiéramos volver.
Gardel murió joven, con apenas 44 años. Hoy, a nueve décadas de su partida, su voz sigue viva en los parlantes, en los bares, en las películas, y en cada corazón que se emociona con un tango bien cantado.













