En la tranquilidad de Putú, entre bosques y recuerdos, partió este lunes la destacada comunicadora social Pilar Balaguer Jara, una mujer que, aunque nació en Los Ángeles un 12 de septiembre de 1952, fue iquiqueña por convicción, pasión y hasta en la piel, llevaba tatuado el nombre de la Tierra de Campeones.
Con más de cuatro décadas detrás de un micrófono, Pilar fue una voz inconfundible en radios como Patricio Lynch, Bravísima y Municipal. Su carrera en las comunicaciones comenzó en Arica, pero encontró en Iquique su lugar en el mundo. En los 90 fue pieza clave en la fundación del canal municipal que hoy conocemos como RTC, donde mezcló periodismo con vocación social: reporteo, ayuda comunitaria y el arte de saber escuchar.
Apasionada por el boxeo, relató combates y hasta fue invitada en los años 80 a TVN para comentar la pelea entre Cardenio Ulloa y Benito Badilla, demostrando que la fuerza no solo está en el ring, sino también en una mujer que se atrevía a ocupar espacios dominados por hombres.
Vivió como quiso, dijo lo que pensaba y compartió su día a día —con risas, penas y garabatos bien puestos— en redes sociales. Tras la pérdida del padre de sus tres hijos, se trasladó al sur, buscando calma en una casa entre árboles, donde recibía con cariño a amistades de toda la vida.
Su vínculo con el sorismo fue férreo, lo que la acercó también a la política comunal, sin nunca abandonar su amor por las comunicaciones. En 2015, pese a los embates de la salud, volvió a Iquique a seguir reporteando desde RTC: cubriendo actividades vecinales, entrevistando personajes locales, relatando el alma de la ciudad que tanto amaba.
En 2021 se despidió del reporteo con el reconocimiento de su gente: del municipio, de bomberos, de juntas vecinales y de todos los que alguna vez cruzaron su voz. Se fue a su “comarca” en la costa maulina, pero su corazón nunca dejó de latir por Iquique.
Aunque se encontraba a 2.000 kilómetros de distancia, su corazón siempre latió en Iquique, esa tierra que en los próximos días la acogerá para su descanso eterno.













