El 1° de julio de 1979, un invento japonés se coló en nuestras vidas para siempre: el Walkman de Sony, o como le llamábamos en Chile, el “personal stereo”. Ese día nació una nueva forma de escuchar música—portátil, íntima, y a tu propio ritmo.
La idea fue de Masaru Ibuka, fundador de Sony, que quería escuchar sus discos en los aviones sin cargar con un ladrillo gigante. Pidió algo más liviano, solo para escuchar. Y lo hicieron: un aparato azul y plateado llamado TPS-L2.
Costaba 50 dólares en ese entonces, que hoy serían cerca de 46.889 pesos chilenos (2025). No era barato, pero sí un boleto directo a la libertad sonora. Con tu personal stereo y unos audífonos con esponjitas naranjas, podías caminar por la calle como si tu vida fuera una película con banda sonora propia.
Para quienes hoy tienen más 50 años, ese sonido fue parte de su juventud. Para quienes tienen 20, probablemente lo vieron en memes o series retro. Pero en 1979, esa cajita mágica cambió todo.
Porque ese día, la música dejó de estar amarrada al living… y se fue a pasear contigo.













