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Este sábado 6 de septiembre de 2025, Chile adelantará una hora por el cambio de horario, una medida que pierde sentido en la actualidad. El supuesto ahorro energético es mínimo, mientras los trastornos al sueño y la incomodidad ciudadana son innegables.
El cambio de hora en Chile, implementado desde 1968 para ahorrar energía, ha perdido su justificación en la actualidad. Expertos coinciden en que el ahorro energético es mínimo, estimado en menos del 1% del consumo total, según estudios de la Universidad de los Andes y la Universidad de Chile.
Este bajo impacto se debe a que la iluminación artificial ya no representa la mayor carga eléctrica, superada por calefacción y aire acondicionado, cuyo uso no depende de la luz solar. Avances tecnológicos, como las luces LED, que ahorran hasta un 94% en iluminación, refuerzan la obsolescencia de esta medida.
Por otro lado, el ajuste horario genera incomodidad y trastornos significativos. Expertos en cronobiología, como Luis Larrondo de la Universidad Católica, advierten que los cambios alteran el ritmo circadiano, afectando el sueño, el estado de ánimo y el rendimiento cognitivo, especialmente en niños y adolescentes. La adaptación a estos cambios, que puede tomar hasta dos semanas, provoca somnolencia, irritabilidad y, según estudios, un aumento del 5-10% en ataques cardíacos tras el cambio a horario de verano. Además, ajustar relojes y sistemas tecnológicos genera inconvenientes logísticos en hogares, escuelas y empresas.
Mantener el horario de invierno, sería más coherente con las necesidades actuales. Este horario maximiza la luz natural por las tardes, promoviendo actividades recreativas y seguridad en las calles, sin los perjuicios de un cambio bianual. Expertos como John Ewer y la Sociedad Española del Sueño recomiendan un horario fijo, idealmente alineado con la luz solar matutina.













