derecha chilena vive hoy esa paradoja: disputa votos con tres marcas –Kast, Matthei y Kaiser–, mientras el país juzga con severidad la capacidad de armar equipos que duren más que una pauta de prensa. Ese es el punto ciego que puede definir no solo quién pasa a segunda vuelta, sino quién puede gobernar al día siguiente.
El “fenómeno Kaiser” y la fatiga de materiales de Kast y Matthei
Los últimos sondeos de Plaza Pública Cadem confirman un cuadro que ya dejó de ser anécdota: Jeannette Jara lidera la primera vuelta, Kast cae, Kaiser sube y Matthei no repunta. En la medición más reciente, Jara aparece primera; Kast retrocede; Kaiser supera a Matthei y acorta distancia con Kast. El propio desglose de Cadem –publicado el 26 y actualizado en las síntesis de este fin de semana– muestra a Jara arriba y la disputa en la derecha cada vez más fragmentada (Jara ~27%, Kast ~20%, Kaiser ~14–15%, Matthei ~13%).
El debate televisado del domingo, sin golpes nítidos entre Kast, Matthei y Kaiser, reforzó esa inercia: hubo más “guante blanco” que contraste efectivo, un empate que favorece al que viene creciendo y perjudica a quienes necesitan frenar su caída o remontar. El resumen y crónicas del formato de Canal 13 y la cobertura periodística coinciden en que no hubo un ganador claro ni interpelaciones que movieran la aguja. Salvo Johannes Kaiser, quien con su frase “Si vota Kaiser, recibe Kaiser”, fue uno de los mas solidos en su discurso, compartirlo o no es otra discusión, pero sin duda fue el más claro.
La aritmética política sugiere una hipótesis que ya dejó de sonar improbable: balotaje Kaiser–Jara. Si Kaiser sigue drenando voto opositor “anti-Jara” desde Kast y Matthei, y la izquierda llega con su base más cohesionada, el libertario puede convertirse en el vehículo del descontento. Cadem ya modela segundas vueltas donde Kaiser compite de forma más estrecha con Jara que Matthei, aunque aún con ventaja opositora.
Ganar es de marketing; gobernar es de equipos
Aquí aparece la pregunta incómoda: ¿quién tiene banco de talento suficiente para sostener un gobierno? No se trata solo de ideas, sino de personas con espaldas técnicas, criterio político y experiencia ejecutiva para traducir promesas en decretos bien redactados, reglamentos aplicables y adquisiciones sin vicios.
Chile recibió hace días un recordatorio brutal de por qué esto importa: el caso Pardow. El exministro de Energía salió del gabinete el 16 de octubre tras el escándalo por errores de cálculo en las tarifas eléctricas; la oposición activó una acusación constitucional que podría inhabilitarlo por cinco años. Más allá del veredicto, el episodio es una metáfora de gestión pública fallida: controles deficientes, rectificaciones tardías y costo político mayor en plena campaña.
No es necesario compartir el diagnóstico de la oposición para advertir la lección: la capacidad de gobernar depende del diseño institucional y del calibre de los equipos. Si un ministerio clave falla en cálculos tarifarios –tema técnico, rutinario y con impactos masivos–, ¿qué cabe esperar en materias más complejas como seguridad, migración o salud si la dotación política y técnica es débil?
El riesgo Kaiser: oferta emocional con espalda corta
El impulso de Kaiser combina tres vectores: hartazgo con “la política de siempre”, simpleza comunicacional en seguridad y costo de vida, y una estética libertaria que promete limpiar el Estado de “castas” y “privilegios”. En campaña eso funciona; en gobierno, desmontar y volver a montar requiere cuadros que conozcan la máquina y no la rompan.
Hoy no está claro que el entorno de Kaiser disponga de 100–150 perfiles senior para ocupar subsecretarías, jefaturas de servicio, direcciones de línea y equipos de gabinete con la rapidez y prolijidad que un gobierno exige. La experiencia comparada –desde el bolsonarismo inicial hasta algunos primeros meses de Milei– muestra que cuando la política promete “gestionar como startup” y llega sin expertos de Estado, la fricción con la realidad se paga cara: decretos que se caen en Contraloría, litigiosidad, cuellos de botella administrativos y, al final, moderación a la fuerza o crisis de conducción.
Si ese “vacío de Estado” se replica, el error de Pardow podría reaparecer, pero multiplicado: no por mala fe, sino por incompetencia operacional. Errores en bases de licitación, parametrizaciones presupuestarias mal hechas, convenios sin trazabilidad, contratos mal diseñados que luego hay que renegociar a peor precio. Gobernar es operar.
Kast y Matthei: fortalezas reales, dilemas pendientes
Kast posee un aparato partidario más robusto que el libertario, con redes en gobiernos locales y parlamentarios que facilitan nombramientos. Su problema hoy es político-electoral: está en baja y sin relato renovado para recuperar el liderazgo opositor. Matthei, por su parte, sí cuenta con una cantera técnica amplia (economía, empleo, gestión municipal), pero su estancamiento sugiere límites de expansión en un electorado opositor que, frente al malestar, prefiere ofertas más rupturistas. Ninguno de los dos logró en el debate golpear al otro ni aislar a Kaiser.
El lado oficialista: liderazgo en primera vuelta, deuda en balotaje
La campaña de Jara luce orden interno y narrativa social (pensiones, tarifas, “ruta del dinero” contra el crimen), lo que explica su liderazgo en primera vuelta. Pero los escenarios de segunda vuelta la muestran en desventaja frente a las principales cartas opositoras; su camino al 50%+1 depende de retener centroizquierda moderada y seducir indecisos con gestión y resultados tangibles en seguridad y costo de vida.
Lo que debería estar discutiéndose (y casi nadie discute)
- Mapa de cargos críticos: ¿quiénes serán los 300 altos ejecutivos públicos clave? Nombres, trayectoria, incompatibilidades, reglas de probidad y cooling-off.
- Plan de aterrizaje en 100 días: prioridades con Gantt realista, dependencias, responsables, indicadores, riesgos y planes de mitigación.
- Gobernanza interministerial para seguridad, migración y crecimiento: equipos mixtos (políticos + técnicos) con PMO fuerte en Presidencia que coordine a Interior, Hacienda, Economía, Energía y Relaciones Exteriores.
- Disciplina presupuestaria: cada promesa con ficha financiera y fuente. Sin eso, la primera Ley de Presupuestos se vuelve una carnicería.
- Calidad regulatoria: test de impacto ex ante, lenguaje claro, consulta pública abreviada y blindaje jurídico para evitar que Contraloría o los tribunales desarmen el programa.
El voto de protesta no firma decretos
La derecha puede ganar la primaria de la ira y perder la gestión del día lunes. Si Kaiser consolida su alza, el balotaje con Jara ya no es ciencia ficción. Pero sin equipos solventes, su eventual gobierno estaría expuesto a una seguidilla de “Pardows” –errores de gestión que licúan capital político–, con costos sociales y económicos altos. El oficialismo, en tanto, lidera la primera vuelta, pero llega a la segunda con techo bajo: su única chance competitiva es mostrar justamente lo que la oposición no exhibe hoy con claridad, capacidad de gobernar.
La política chilena se juega algo más que un resultado: se juega quién tiene con quién. Porque ganar se puede con un eslogan; gobernar solo se puede con gente.
Cierro esta columna con una advertencia y, al mismo tiempo, una invitación: gobernar un país no es un ejercicio de slogans ni de épicas individuales, sino la capacidad de sostener un proyecto con equipos sólidos y competentes. Como señaló Thomas Jefferson, “cuando alguien asume un cargo público debe considerarse a sí mismo como propiedad pública”, recordándonos que la responsabilidad trasciende la persona y descansa en la calidad de quienes la acompañan.
Un liderazgo sin cuadros capaces es una llama que se apaga rápido; en cambio, un gobierno con equipos preparados, con conocimiento técnico y visión política, es el que puede transformar la indignación en soluciones y la esperanza en resultados duraderos. Gobernar es, en definitiva, un acto colectivo, y solo quienes comprendan esa verdad estarán a la altura de la historia.
En El Sol de Iquique creemos en estar siempre del lado de la gente y con los ojos bien abiertos sobre quienes toman decisiones. Pero también somos un medio pluralista: las opiniones que aquí se publican son responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan lo que piensa el diario.














Nelson Cifuentes López
Durante años, cuando la Izquierda llevaba varios candidatos a una primaria o a una primera vuelta (incluso hoy no hay un solo candidato de izquierdas), los medios lo celebraban como una muestra de diversidad, madurez democrática y amplitud de ideas. Nadie hablaba de divisiones internas ni de incapacidad para gobernar.
Hoy, en cambio, cuando la derecha presenta tres o cuatro alternativas para que los ciudadanos elijan quién debe liderar un futuro gobierno, los mismos medios lo califican como desorden, fractura o debilidad.
Resulta curioso: la misma conducta, dos interpretaciones opuestas. La diferencia parece no estar en los hechos, sino en quién los protagoniza.
Entonces, cabe preguntarse con legítima preocupación: ¿el periodismo chileno observa la realidad con neutralidad… o con un claro sesgo político hacia la izquierda?