La Dirección de Crédito Prendario, más conocida como la Tía Rica, nació en 1920 como la Caja de Crédito Popular. Su misión era simple: prestar dinero a cambio de empeñar objetos, sobre todo joyas, para ayudar a quienes no podían acceder a bancos. Con el tiempo, la gente empezó a llamarla “Tía Rica” porque siempre estaba disponible para salvar en momentos de apuro, como una pariente generosa que nunca falla.
Pero en los últimos meses la institución quedó bajo la lupa. La Contraloría General de la República detectó que más de 1.600 personas con antecedentes penales lograron empeñar bienes por más de $1.500 millones, sin que se verificara si esos objetos eran robados. El informe fue claro: la DICREP no controló la procedencia de las especies ni coordinó con Carabineros, lo que abrió la puerta a que el Estado actuara como “receptador”.
El caso terminó con la salida del director y la apertura de sumarios administrativos. Así, la “tía” que por décadas fue vista como un apoyo popular ahora enfrenta críticas por falta de control.
En palabras simples: la Tía Rica sigue siendo la institución estatal que presta plata contra empeños, pero hoy está cuestionada porque no revisó bien lo que recibía y terminó aceptando cosas robadas. El apodo cariñoso se mantiene, aunque la confianza está en juego.













