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04

Ene

La Doctrina Donroe: Trump revive el intervencionismo Monroe en Venezuela | Rodrigo Martínez S.

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Rodrigo Martínez Segovia | Periodista.

En un giro que evoca los días más agresivos de la política exterior estadounidense, la captura de Nicolás Maduro y la intervención militar en Caracas el 3 de enero de 2026, según la narrativa oficial difundida por Washington, marcan el resurgimiento de la Doctrina Monroe bajo el sello personal de Donald Trump.

Esta acción no es solo un golpe táctico contra un régimen adversario; representa una reinterpretación audaz de un principio de 1823, ahora apodado “Doctrina Donroe” —una fusión de Donald y Monroe— que prioriza la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental a costa de las normas internacionales.

La Doctrina Monroe original, proclamada por el presidente James Monroe, declaraba “América para los americanos”, advirtiendo contra la intervención europea en el continente. Trump la ha actualizado en su Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 mediante un “corolario Trump”, enfocado en neutralizar amenazas como el narcotráfico, la migración masiva y la influencia de potencias rivales como China y Rusia en Latinoamérica.

En Venezuela, con reservas petroleras estimadas en 303 mil millones de barriles —las mayores del mundo—, Trump ve una oportunidad para asegurar recursos estratégicos, declarando que Estados Unidos asumiría un control temporal hasta una “transición segura”. Esto no es filantropía; es imperialismo económico disfrazado de seguridad nacional.

Desde una perspectiva geopolítica, esta movida consolida el dominio de Washington en su tradicional esfera de influencia, reafirmando una lógica clásica del realismo internacional: las grandes potencias no toleran la presencia de rivales estratégicos en regiones que consideran vitales para su seguridad. La intervención en Venezuela busca debilitar el eje bolivariano y enviar una señal disuasiva a Cuba y Nicaragua, al tiempo que limita la proyección china y rusa en el hemisferio. Sin embargo, esta reafirmación de esferas de influencia no está exenta de costos. China condenó la “hegemonía” estadounidense como una amenaza directa a sus inversiones petroleras en Venezuela, valoradas en miles de millones de dólares, mientras Rusia exigió la liberación de Maduro, interpretando el hecho como un desafío frontal a su alianza política y militar.

Brasil y Colombia, bajo gobiernos de izquierda, rechazaron la violación de la soberanía venezolana, evidenciando una fractura regional que podría aislar a Estados Unidos en foros como la ONU o la CELAC.

Respecto a la acción militar de Estados Unidos en Venezuela, el presidente Gabriel Boric declaró: “Chile expresa su más profunda preocupación y condena por las acciones militares que se desarrollan en Venezuela. Reafirmamos la proscripción del uso de la fuerza y la no intervención en los asuntos internos de los Estados”. Ni una sola vez usó la palabra “invasión”. En cambio, cuando Rusia invadió Ucrania en 2022, Boric habló 27 veces de invasión en sus primeras 48 horas de declaraciones y exigió sanciones inmediatas.

Desde el punto de vista del derecho internacional, la operación vulnera el Artículo 2(4) de la Carta de la ONU, que prohíbe el uso de la fuerza sin autorización expresa del Consejo de Seguridad. La captura extraterritorial de un jefe de Estado desconoce el principio de inmunidad soberana y evoca precedentes ampliamente criticados, como la invasión de Panamá en 1989. Trump justifica la acción como la ejecución de cargos por narcoterrorismo vigentes desde 2020, acompañados de una recompensa de 15 millones de dólares, pero la judicialización de un adversario político no legitima una agresión armada unilateral.

En última instancia, la Doctrina Donroe no fortalece la democracia ni el orden internacional; perpetúa un ciclo de intervencionismo que ha marcado la historia de América Latina durante más de un siglo. Si Estados Unidos realmente busca estabilidad regional, debería apostar por la diplomacia multilateral y el respeto al derecho internacional, no por bombardeos selectivos y capturas espectaculares. De lo contrario, este “aviso” a la región podría acelerar un mundo más polarizado, en el que el Sur Global perciba a Washington no como un líder, sino como un bully hemisférico.


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