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04

Ene

Empezamos el año 2026 a todo ritmo | Nelson Mondaca I.

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Nelson C. Mondaca Ijalba
nmonijalba@gmail.com

Nuestra ciudad de Iquique, así como otras de todo el país, le dio el vamos al nuevo año. Los cielos del Balneario Cavancha iluminaron nuestro borde costero. Un espectáculo digno del mundo desarrollado: 1.500 drones dieron vida a nuestra identidad repasando la historia y sus vivencias. Fue este show de luces el que nos puso entre los más grandes del continente americano. Más de 100 mil personas se congregaron para la bienvenida del nuevo 2026. Toda la avenida Balmaceda era un gran salón al aire libre de nuestro querido Iquique.

Subo al pódium de los ganadores junto al alcalde Jorge Soria Macchiavello y el cuerpo de concejales por impulsar esta innovadora celebración de Año Nuevo, dejando en el pasado el festejo con detonaciones de fuegos artificiales.

¿Cómo lo pasó usted, amigo/a lector/a? Espero que dentro de lo normal. Cuando se está con la familia, creo que es cuando uno mejor lo pasa. Bueno, recuerdo aquellos años mozos: también me fui de parranda a una disco, de “chincol a jote”. No me quejo. Cuando uno es joven, que vengan los años nuevos.

Con el paso de los días y los años, nuestras vidas cambian. Nadie puede detener las manecillas del reloj. En una década se han modificado muchas cosas y se han reordenado las estrellas de nuestro destino terrenal. Cada persona tiene su propia historia. En tal sentido, según mi sentido común, cada uno tiene un manifiesto para construir un mundo mejor del que le toca vivir. Aprendemos de los errores del amor y de la falta de paciencia, muchas veces de humildad. Sin pensarlo en profundidad, nos acarreamos problemas que nos quitan el sueño o nos alejan de la ansiada felicidad.

Con el paso de los años, uno conoce personas magníficas que te abren espacios y están a tu lado. Importa atesorarlas con pensamientos lúcidos y respetuosos, más allá de sus legítimas tendencias políticas. Los errores del común de la gente son, precisamente, la falta de consecuencia para reconocer estas hermosas virtudes humanas. Entre ellos hay pobres y ricos. No es fácil abrir las esperanzas y construir obras contra la pobreza y el subdesarrollo.

Amigo/a lector/a, desconozco vuestra postura actual sobre el momento que vive nuestro país. Pero sigo sosteniendo que nuestro país no se “cae a pedazos”. Las altas tasas de desempleo en nuestra región no son producto de un mal Gobierno. Las poderosas cifras de inversión son las más altas registradas en una década en Chile.

Entonces, seamos objetivos. Una parte del sector privado utilizó las normas de la flexibilidad laboral, invocando el Artículo 161 del Código del Trabajo. En este análisis del desempleo en la región, empresas del retail y del comercio, que aprovecharon la tecnología, sumadas a otras productivas alineadas económicamente al poder del centralismo, nos dan cuenta de las altas cifras de desempleo regional del 9,1%, superando el promedio nacional.

Ahora ya terminaron las elecciones: el próximo Presidente de Chile será José Antonio Kast. La pregunta del millón: ¿seguirán con esta ola de despidos? Yo pienso que no. Más bien creo que van a presionar para hacer retroceder los avances del mundo del trabajo. Argumentos políticos y justificaciones sobran para incautos.

La noticia de última hora me obliga a cambiar de tema: el rapto del mandatario Nicolás Maduro y su esposa desde su domicilio, ejecutado por EE.UU. Fue una orden del presidente Donald Trump, no aprobada por el Congreso norteamericano. Según fuentes oficiales, corresponde a un accionar militar para tomar prisionero a Maduro por delitos que persigue la justicia en Nueva York en su contra, en una estrategia preparada por la CIA para derribar al régimen y recuperar el poder político en manos del chavismo.

Desde su retorno a la Presidencia, Donald Trump tenía como objetivo geopolítico recuperar Venezuela, manteniendo la supremacía sobre el continente sudamericano bajo su total dominio. Amigos/as, esta noticia que sacude al mundo para mí no tiene nada de nuevo. Si revisan mis columnas escritas en este mismo medio, era algo que se venía venir en cualquier momento.

Mientras todo el mundo estaba disfrutando la bienvenida del año 2026, el presidente Trump había ordenado el ataque aéreo a Venezuela para que fuerzas de élite capturaran a Maduro y a su esposa. Lo curioso en esta operación militar es que ningún radar alertara de esta invasión. Tal vez hubo complicidad dentro del aparato de defensa de Venezuela; en los próximos días tendremos luz sobre esta situación.

Recordemos la recompensa de US$50 millones por la cabeza de Maduro. Amigos/as, con dinero se compran huevos. Todo puede ser posible. Sin entrar a especular, lo cierto es que hubo un seguimiento de inteligencia de todos los movimientos que realizaba el cuestionado mandatario venezolano.

La operación militar, sin dudas, fue de máximo nivel táctico. Todo estuvo cuidadosamente planificado, no quedaron cabos sueltos. Incluso si deben cambiar la fuerza de las maniobras, si se amerita una invasión total. En cuestión de minutos bombardearon cuatro lugares y dejaron 40 muertos, según la cadena de noticias CNN.

Las reacciones en todo el mundo se hicieron evidentes, a favor y en contra. En Chile, los venezolanos que salieron de su país, sea por las buenas o por las malas, se dieron cita en el centro de Santiago manifestando su alegría.

Con certeza, el régimen de Maduro sigue en el poder. A la vez, otras potencias mundiales reclaman la intervención de la ONU y el respeto a los derechos internacionales, los cuales Donald Trump se los pasa por el aro. En fin, seguiremos atentos ahora al juicio penal en Nueva York contra Maduro. Desde ya les aseguro que no saldrá libre. No se hace una invasión militar para que una corte judicial lo declare inocente. Otra vez, no apresuremos análisis jurídicos.

Finalmente, sabemos que EE.UU. pasa por una enorme crisis de su reinado “unipolar” y esta forma de abordarla es una pésima decisión política. Ayer, el presidente Trump volvió a amenazar con otro ataque más letal a Venezuela. ¿Qué harán las otras potencias y la ONU? Gracias.

Nelson C. Mondaca Ijalba
nmonijamba@gmail.com

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