AV.
Revisar los avisos de enero de 1986 en Iquique es como abrir una cápsula donde la doble moral venía incluida en el precio. Mientras el discurso oficial hablaba de orden, valores y decencia, la ciudad seguía siendo puerto, noche y desparpajo. Y la prensa, como corresponde, publicaba lo que se pagaba: avisos comerciales que hoy no pasarían ni el primer filtro de respeto a la mujer, pero que en ese tiempo eran parte del paisaje.
No se trata de culpar a los medios —eran anuncios pagados, punto— sino de mirar cómo funcionaba esa convivencia entre moralismo institucional y publicidad sin pudor. Ahí estaba, por ejemplo, el César’s Club, que se ofrecía “Para el público exigente”, como si la exigencia fuera un valor nocturno certificado. En la Boite Fausto, simplemente “Fausto animaba”, y uno ya podía imaginar el humo, las luces y el piano eléctrico luchando por sobrevivir.
En ese lugar el animador Pedrito Picapiedras, que presentaba a “Doris Simpson” y la “presentación estelar de Ruby, la morena de ébano”. Todo dicho sin metáforas, sin eufemismos y sin ninguna preocupación por cómo se representaba a las mujeres. Era publicidad directa, masculina, y hoy completamente impresentable.
Y para que la noche no quedara solo en clubes, el Hotel Playa Brava le ponía un toque de “cordura” —o eso intentaba— a la alocada bohemia iquiqueña, anunciando a Pedro Messone y al Dúo Inspiración. Una mezcla improbable: del neón al folclor, de piscola al arpa, todo en la misma página del diario.
Mirar estos avisos cuarenta años después no es para rasgar vestiduras, sino para entender cómo ha cambiado la conversación sobre respeto, representación y género. Lo que antes se veía normal hoy nos parece un despropósito, y eso habla de un avance cultural que vale la pena reconocer.
Porque sí, Iquique siempre ha sido puerto, mezcla y noche. Pero también es memoria. Y estos avisos —con su estética, su lenguaje y su descaro— son parte de esa historia que conviene mirar de frente para entender de dónde venimos… y cuánto hemos cambiado.














