El geógrafo Marcelo Lagos volvió a poner el dedo en la llaga, y esta vez con más fuerza que nunca. Mientras el país mira con angustia los incendios en el sur, Lagos insiste en que seguimos apuntando al cambio climático como si fuera el único villano, cuando el verdadero elefante en la habitación es otro: cómo usamos el suelo y qué plantamos en él.
En conversación con el programa “Contigo en la mañana”, Lagos fue directo: “El cambio climático no es el principal responsable de este problema, es el uso del suelo”. Y ahí es donde el debate se pone incómodo, porque hablar de uso del suelo en Chile es hablar de décadas de expansión forestal con especies exóticas como el pino y el eucalipto, árboles que crecen rápido, sí, pero que también consumen grandes cantidades de agua y dejan el entorno más seco que antes. Un cóctel perfecto para que cualquier chispa se convierta en tragedia.
Lagos también recordó que estos incendios no son una sorpresa, sino parte de un patrón que se repite cada verano. “Estamos presenciando en tiempo real la nueva normalidad, que nos revela que procesos como estos son cada día más recurrentes”, señaló. Y mientras las llamas avanzan, el país sigue sin discutir seriamente cómo se planifica el territorio, quién decide dónde se construye y qué se planta, y por qué seguimos llenando zonas rurales de monocultivos altamente inflamables.
El geógrafo fue igual de crítico con la preparación institucional: “Tenemos normativa robusta contra los terremotos, pero nos tomó décadas (…) y ante incendios estamos a poto pelado”. Su frase, tan gráfica como certera, resume la sensación de improvisación que se repite cada temporada.
Para Lagos, el problema no es solo técnico, sino político. “Necesitamos consejeros y consejeras municipales preparados, conscientes, educados. Y necesitamos un Estado que fiscalice y que dé garantías de habitar territorios dignos y seguros”, afirmó. Y aunque suene obvio, es justamente lo que no ha ocurrido: se aprueban planes reguladores sin considerar riesgos, se urbanizan zonas rodeadas de plantaciones y se sigue apostando por modelos forestales que resecan el paisaje.













