J.L.
A fines de los años 80, la cantante brasileña Maria da Graça Xuxa Meneghel, más conocida como Xuxa, imponía sus éxitos en el mundo infantil. Su programa, acompañado por las adolescentes bailarinas llamadas “Las Paquitas”, se emitía desde Estados Unidos hasta Argentina. Sus romances con Pelé y con el automovilista Ayrton Senna llenaban las páginas de las revistas de farándula.
La pronunciación de su nombre, Xuxa, que fonéticamente sonaba como “Chucha”, hacía sonrojar a los siúticos locutores y animadores de fines de la dictadura. Hoy provocaría risas, pero en ese entonces muchos la presentaban como “Sutcha” o “Zuza” al anunciar sus canciones o videos.
Cargada de éxito, en 1990 llegó al Festival de Viña del Mar. Antes de presentarla, Antonio Vodanovic realizó un prólogo innecesario, visto con los ojos de hoy: “Hablar de ella es muy fácil, hablar de su belleza y su talento, muy fácil, hablar de sus ‘paquitas’ es muy fácil, hablar de ‘Ilarie’ es muy fácil, quizás lo único difícil es decir su nombre. Este es el show de Xuxaaaaa…”. La ovación repletó la Quinta Vergara.
SATANICA
Si decir su nombre en los medios era “complicado”, a la artista brasileña pronto se le atribuyó que sus canciones contenían mensajes ocultos.
En 1991, en la cúspide de su carrera musical, “La reina de los bajitos” vivió un golpe bajo que la obligó a explicar que sus canciones no tenían mensajes satánicos y que ella era cristiana. Todo comenzó con un llamado a Radio Nacional de Antofagasta, donde una madre se comunicó con el programa del locutor Félix Acori.
“Tengo miedo: con mi hijo estábamos escuchando a Xuxa”, relató la madre en el programa Los cariñositos, “hasta que la cinta se enrolló y la canción se escuchó al revés”.
Tras escuchar el relato, Acori Gómez pidió al radiocontrolador reproducir “Todo el mundo está feliz” en sentido contrario. “El diablo es magnífico”, fue lo que creyó oír.
La noticia explotó y saltó a Santiago, donde varios programas comenzaron a poner la canción al revés. Luego llegó a Argentina y Brasil. Xuxa se defendió:
“Todo esto es una porquería —siguió—: es una obra de enfermos, de fanáticos. Pero hay más: en Chile llegaron a decir que en mis trajes hay símbolos satánicos. Sacaron una foto donde yo tenía bordadas unas uvas. Otro de mis trajes tiene un corte en la cintura y dijeron que eran las puntas de un cuerno, y que el nombre Xuxa, que me lo puso mi hermano cuando yo tenía dos años, era una cruz al revés. ¿Cómo es posible que se invente todo esto?”, se defendió Xuxa.
Expertos del sello discográfico BMG de Argentina analizaron la canción y su opinión fue publicada en la revista Gente: “se trató apenas de una incómoda coincidencia fonética”. Pero el daño ya estaba hecho y muchas madres contaban que habían destruido los casetes o los habían tirado a la basura.
ILARIE
Tercer acto: Xuxa volvió a Viña del Mar diez años después, y su público tenía una década más. En buen chileno, ya no eran niños ni adolescentes. La cantante brasileña nunca entendió qué respondía el público cuando interpretaba “Ilarie”.
“Ilarie, ilarie, ilarie eeeh”, cantaba la brasileña.
“¡Chúpalo!”, gritaba el público de Viña del Mar.
Al finalizar la presentación, con evidente angustia, Maria da Graça preguntó al “monstruo” que no entendía. En ese momento, Antonio Vodanovic salió al paso para calmar al público, pero fue peor el remedio que la enfermedad. Xuxa lloró y Vodanovic la hizo cantar nuevamente “Ilarie”. “Yo pensé que ustedes no me querían”, dijo la brasileña antes de repetir la canción.

Las canciones de Xuxa eran pegajosas, y el origen de esa respuesta “Chúpalo” venía de la interpretación que realizaba en el Circo Timoteo la transformista Fabiola de Luján. Fabiola cantaba “Ilarie” y agregaba la frase. Esa performance corrió como el agua a través de los VHS con presentaciones del “Timoteo” de los años 90, y el público chileno, tan alegre, la adoptó.
En resumen, Xuxa fue víctima de un comentario débil que se amplificó y perjudicó su carrera, y además nunca logró entender el humor chileno.
“Voy a pensar si vuelvo alguna vez a Chile, pero al Festival, ¡nunca más!”, dijo a la prensa al regresar a su país ese lejano año 2000.













