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21

Ene

Judith Marín, conservadora y muy religiosa, enfrenta cuestionamientos mientras su colectividad la respalda

El nombramiento de Judith Marín como nueva ministra de la Mujer dejó la escoba en varios sectores, sobre todo entre parlamentarias oficialistas y organizaciones feministas. A Marín se le recuerda por su postura abiertamente contraria al aborto y por haber participado en protestas religiosas dentro del Congreso cuando se discutía la ley de tres causales. En esa ocasión sostuvo un cartel que decía “Vuélvete a Cristo”, gesto que hoy vuelve a circular como símbolo de sus posiciones más conservadoras.

Apenas se confirmó su llegada al Ministerio, varias diputadas reaccionaron con molestia. Emilia Schneider dijo que era “una pésima señal”, mientras que Javiera Morales habló derechamente de “una burla para las mujeres”. Karol Cariola fue una de las más duras y recordó que Marín incluso fue detenida en el Congreso por protestar contra el aborto. Maite Orsini también apuntó a su historial y afirmó que la nueva ministra “ha sido clara en rechazar los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres”.

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Desde el mundo feminista el tono no fue muy distinto. Varias organizaciones advirtieron que el Ministerio podría transformarse en una plataforma para frenar avances en derechos reproductivos y sexuales, considerando que Marín ha sido una figura activa en campañas contra el aborto.

En la otra vereda, el Partido Social Cristiano salió a defenderla. Su presidenta, Sara Concha, acusó que las críticas se basan en prejuicios religiosos: “Ha sido muy criticada por su fe, ni siquiera ha llegado a ser evaluada por las capacidades que tiene para poder dirigir el Ministerio de la Mujer“.Otros diputados del sector hablaron de intolerancia y de que se está juzgando a la ministra por su fe más que por su capacidad.

En resumen, el nombramiento abrió un choque inmediato. Para sus detractoras, Marín representa un retroceso en derechos de género. Para su sector, las críticas son un intento de deslegitimarla antes de que siquiera asuma. El debate recién empieza y todo indica que su gestión estará bajo la lupa desde el primer día.

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