
Cientista Político y Administrador Público
Universidad Tecnológica Latinoamericana
El último mes del gobierno de Gabriel Boric se siente extraño. No porque falten hechos, sino porque falta conducción visible: un Presidente que aparece poco, habla poco y manda menos, mientras el país entra en la fase más delicada de cualquier administración saliente: cuando el poder real empieza a migrar —sin ceremonia— hacia La Moneda que viene.
En ese vacío, Boric parece haber hecho un movimiento tan clásico como polémico: desaparece el Boric Presidente y reaparece Gabriel Diputado y Candidato. No candidato en la papeleta, sino candidato a otra cosa: a convertirse en el gran referente político y moral de la oposición durante los próximos cuatro años. El problema es que, para construir ese papel, está jugando con piezas que no son suyas.
La “jugada ONU”: donde Bachelet aparece como carta… y como trampa
El ejemplo más evidente es la oficialización de la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU, anunciada el 2 de febrero de 2026, con respaldo de Brasil y México.
En teoría, es una apuesta de Estado: una chilena con trayectoria internacional, con un argumento potente (nunca ha habido una mujer al mando de la ONU) y una narrativa regional. En la práctica interna, sin embargo, opera como una trampa para el Socialismo Democrático: porque les deja dos alternativas, ambas malas:
- Aplaudir la candidatura y, con eso, empujar a Bachelet fuera del tablero chileno justo cuando su figura podía ordenar al sector.
- Cuestionarla y quedar como mezquinos ante una postulación “histórica” con apoyo internacional.
No es una lectura antojadiza: desde el propio gobierno se ha defendido que esto venía “trabajándose” hace tiempo y que no es improvisación.
Pero precisamente ahí está el punto: si es una estrategia de largo aliento, entonces también es una estrategia de reacomodo interno. Un cierre con sello, con épica, con aplauso global… aunque el costo doméstico lo paguen otros y termine convirtiéndose en una candidatura testimonial millonaria.
Kast administra antes de asumir
Mientras Boric administra el final de un gobierno que prometió mucho y cumplió poco… Kast administra el inicio de su gobierno, sin haber asumido. Y aquí aparece el contraste brutal: José Antonio Kast, presidente electo, no solo está “marcando agenda”; está actuando como si el traspaso ya hubiera ocurrido.
Repasemos la secuencia:
- 15 de diciembre de 2025: señales tempranas en política exterior y coordinación de acercamiento con Javier Milei.
- 22 de enero de 2026: se describe una “cargada agenda internacional” del presidente electo, con visitas y planificación de nuevas giras.
- 25 de enero de 2026: reunión bilateral con el presidente de República Dominicana, enfocada en comercio y minería.
- 28 de enero de 2026: encuentro con Lula (en Panamá, en el marco del Foro Económico Internacional), subrayando cooperación pese a diferencias ideológicas.
- 30 de enero de 2026: presencia en un foro regional de alto nivel (CAF reporta participación de jefes de Estado y “un presidente electo”).
- 3–5 de febrero de 2026: gira europea con hitos públicos: participación en cumbre en Bruselas/Parlamento Europeo y reuniones con Viktor Orbán y Giorgia Meloni.
¿Es habitual que un presidente electo se mueva tanto antes de asumir? Hay precedentes de lo que algunos llamarían “tour diplomático”, sí. Pero la intensidad, la frecuencia y el uso político-comunicacional de cada escala de Kast hoy se sienten como algo distinto: no solo “conociendo mundo”, sino instalando marco, alineando redes, colonizando titulares. Y en política, el que define el marco y marca la agenda, manda.
El efecto colateral: Boric termina reaccionando para no sucumbir frente a la potencia comunicacional de la “OPE”. Por eso la percepción de “Presidente desaparecido” no es solo un juicio de estilo: es un resultado político. Mientras Kast ocupa el espacio con reuniones y fotos, el gobierno saliente intenta cerrar con anuncios de dimensión histórica. La candidatura de Bachelet es el mejor ejemplo: un anuncio global para disputar el relato del cierre, justo cuando la agenda ya no le pertenece.
Incluso Kast ha evitado comprometerse con apoyar esa candidatura antes del cambio de mando del 11 de marzo, manteniendo el control del suspenso y, de paso, del titular.
Sala Cuna Universal: la bandera prestada
El proyecto que Boric hoy empuja… es una bandera que nació con Piñera y que su sector rechazó por años. Cuando el Presidente Gabriel Boric presiona al Congreso para sacar la Sala Cuna Universal “en las primeras semanas de marzo” y hasta ofrece que “no importa quién ponga la firma”, lo que está haciendo —consciente o no— es reflotar una iniciativa cuyo corazón legislativo viene del gobierno de Sebastián Piñera.
- 8 de agosto de 2018: Piñera firma y empuja públicamente el proyecto de Sala Cuna Universal, con el objetivo de terminar con la discriminación del artículo 203 del Código del Trabajo.
- 17 de agosto de 2018: se ingresa el Boletín 12026-13, orientado a crear un beneficio/fondo solidario asociado a sala cuna.
- 4 de enero de 2022: se presenta el Boletín 14782-13, con origen en el Senado, que hoy está en el centro del debate.
El giro político fue rápido: de “mal proyecto” a “aprobémoslo ya”. La izquierda —incluido el hoy oficialismo— fue crítica del enfoque del proyecto de Piñera, especialmente por diseño y financiamiento. Esa resistencia se tradujo en votos concretos:
- Febrero de 2024: el Senado aprobó la idea de legislar con 24 votos a favor, 16 en contra y 2 abstenciones; los votos en contra provinieron del oficialismo.
Y aun así, en febrero de 2026, Boric exige aprobarlo pronto, en tono de urgencia de cierre. Hoy intenta capitalizar la “Sala Cuna Universal” como logro de salida, buscando un legado relevante en un gobierno que carece de proyectos emblemáticos. El dato duro: la arquitectura del proyecto viene de Piñera, y su propio sector fue el que lo frenó en momentos clave.
Las preguntas incómodas
Entonces, ¿qué estamos viendo realmente en este último mes? ¿Un Presidente que gobierna hasta el último día? ¿O un líder que, entendiendo que el poder se le va, decide reposicionarse como jefe de oposición, aun si eso significa dejar minas internas en su propio sector?
La ironía es cruel: Boric puede terminar su mandato con más épica internacional que conducción doméstica, mientras el presidente electo hace lo inverso: construye conducción simbólica antes de tener mandato formal.
En política, lo verdaderamente letal no es dejar el poder: es entregar el timón antes del último día. Porque el poder se traspasa por decreto, sí, pero la autoridad se traspasa por percepción.
Y hoy la percepción es nítida: la iniciativa —con datos, fechas, reuniones y titulares— ya no está en La Moneda. Está en la oficina del Presidente Electo. Ahí se escribe el libreto, ahí se ordena el ritmo, ahí se instala el tema del día.
Mientras el gobierno administra el cierre, José Antonio Kast administra el inicio. Y en ese tránsito silencioso, Chile está viendo algo inusual: un presidente electo que no espera el cambio de mando para gobernar la agenda, y un Presidente en ejercicio que parece haber renunciado a disputarla.
Porque al final, esto no se trata de ceremonias: se trata de mando. Y el mando comunicacional —ese que fija el rumbo antes que el decreto— hoy está hablando con otra voz.
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