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19

Feb

Relatos Salvajes | La canción peruana que incomodó a la dictadura: la historia del “plagio” inventado en Viña 1988

J.L.

En febrero de 1988, cuando Chile todavía vivía bajo la dictadura y el país se preparaba para el plebiscito del y el No, el Festival de Viña del Mar terminó metido en una polémica que hoy suena a chiste… si no fuera porque fue censura pura y dura.

La protagonista fue la cantante peruana Marcela “Mache” Sánchez, quien llegó a Viña con la canción “No vas a hacerme el amor”. Una balada romántica, nada política, pero con un “detalle” que en ese Chile era dinamita: la palabra “No” se repetía más de 60 veces. Y claro… en 1988, decir “No” en televisión abierta era casi un acto subversivo.

Para sacarla de competencia, la organización del festival inventó una acusación de plagio. Pero no cualquier plagio: dijeron que la canción peruana era copia de un tema de una cantante chilena prácticamente desconocida, Jacqueline Cadet, titulado “Déjalo así”.

MAESTRO

El maestro Horacio Saavedra, director musical del certamen, avaló públicamente la acusación. Y con eso bastó para dejar a Perú fuera del Festival.

El problema es que, con el tiempo, quedó claro que las canciones no se parecían en nada. Ni melodía, ni armonía, ni estructura. La única coincidencia era que la peruana decía “No” una y otra vez… justo cuando el país entero discutía si votar o No para decidir el futuro del régimen.

Marcela Sánchez ha contado varias veces que la noticia la dejó en shock.
Entre sus frases más recordadas: “Nunca nos mostraron pruebas del supuesto plagio”. “La canción era romántica, no tenía ninguna intención política” y “Con los años entendí que el problema era que decía ‘No’ demasiadas veces.”

JUSTICIA

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La prensa acreditada en Viña, indignada por la maniobra, decidió protestar de la forma más visible que tenían: eligieron a Marcela “Mache” Sánchez como Reina del Festival 1988. Un gesto simbólico, pero potente, que dejó en evidencia lo que muchos ya sospechaban:
la descalificación no fue musical, fue política.

A casi cuatro décadas, el caso se recuerda como uno de los momentos más absurdos —y reveladores— del Festival de Viña. En un Chile donde la palabra “No” estaba cargada de sentido, una canción romántica terminó convertida en amenaza.

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