mayo 26, 2026

Ingresar

mayo 26, 2026
inicionoticiasactualidadcultura popdeportesempresasopiniónpolíticatierra de campeonesalta suciedad

24

Feb

Rodrigo Villegas y el arte de hacer reír a un monstruo que no perdona

ALE.

Pensé que después de ese viaje ochentero con los Pet Shp Boys  iba a ser difícil que alguien más se adueñara de la Quinta. Pero apareció Rodrigo Villegas, con esa energía de tío buena onda que uno siempre subestima, y en menos de cinco minutos ya tenía al Monstruo comiendo de su mano.

Lo primero que me sorprendió fue cómo entró: sin aspavientos, sin show extra, solo él y su humor de barrio o de asado, ese que mezcla nostalgia con una honestidad brutal. Empezó hablando de los ochenta, y aunque yo no viví esa década, igual me reí porque lo contaba como si fuera una película donde todos fuimos extras sin saberlo. La Quinta, que venía cargada de emoción retro, se enganchó al tiro.

Después vinieron los chistes sobre su físico, su vida en pareja, la adultez que llega sin manual. Y ahí sí que conecté. Porque aunque él tiene más años que yo, la sensación de estar sobreviviendo a la vida con humor es universal. La gente se reía fuerte, de verdad, no ese “ja” tímido que uno suelta por compromiso.

Pero el momento en que la Quinta explotó fue cuando aparecieron sus personajes. Mathieu Focker entró como si nunca se hubiera ido, y yo, que lo conocía más por memes que por televisión, entendí por qué la gente lo adora. Y cuando se sumó Claudio Moreno para revivir a los Blondon Boys, la nostalgia se volvió un arma de destrucción masiva. La Quinta gritaba, aplaudía, cantaba. Yo solo trataba de no perderme nada mientras anotaba como loca.

Hubo también humor más picado, referencias a la tele actual, y una imitación de José Antonio Neme que hizo que hasta los más serios se rindieran. Villegas tiene ese talento raro de moverse entre lo cotidiano y lo absurdo sin perder ritmo.

Y claro, mientras todo eso pasaba, Rafa Araneda seguía gritando desde algún rincón, como si su voz fuera parte del ecosistema natural del festival. A estas alturas, creo que si uno se queda en silencio, igual lo escucha.

Cuando terminó la rutina, la ovación fue inmediata. La Gaviota de Plata llegó rápido, y la de Oro no tardó nada. Villegas estaba emocionado, la Quinta estaba feliz, y yo pensé que pocas cosas unen tanto a un público tan diverso como una buena carcajada.

Salí de la Quinta con la sensación de haber visto a un comediante en plena madurez, pero también con la sorpresa de que su humor, lejos de sentirse antiguo, se siente más vigente que nunca. Quizás porque, al final, reírse de uno mismo es un idioma que no envejece.

Comentarios

Deja el primer comentario

ingreso de usuario

Google reCaptcha: Clave de sitio no válida.