Después de más de dos meses de cuidados, el pequeño sobreviviente ya nada libre en el Salar del Huasco
Un pequeño pato puna —sí, un juvenil que apenas estaba empezando a conocer el altiplano— volvió por fin a la vida silvestre después de sobrevivir a una de las emergencias ambientales más complejas de los últimos años en el norte.
El ave había sido rescatada tras el derrame de más de 25 mil litros de aceite de soya ocurrido el 19 de noviembre de 2025, cuando un camión volcó en la Ruta 11-CH, a un costado del Lago Chungará. El impacto fue duro: bofedales afectados, fauna en riesgo y un ecosistema altoandino entero en alerta.
En medio de ese caos, este patito fue uno de los que no se dejó caer. Gracias a un trabajo rápido del SAG Tarapacá, fue trasladado al Centro de Rescate y Rehabilitación de Aves Marinas Wayanay, donde ingresó el 24 de noviembre.
El patito llegó con una lesión en la nuca y el plumaje comprometido. Durante más de dos meses, la médico veterinaria Patricia Maluenda y el equipo del centro se dedicaron a él con limpiezas periódicas, pomadas cicatrizantes y un monitoreo constante.
Poco a poco, el pequeño fue recuperando fuerzas, peso y ese brillo impermeable tan necesario para sobrevivir en las aguas frías del altiplano. Al final del proceso, alcanzó 397,4 gramos y estaba listo para dar el siguiente paso.
HOGAR
La directora regional de CONAF Tarapacá, Natalia Ortega, explicó que el Salar del Huasco era el lugar ideal para su reinserción: un entorno natural seguro, con condiciones óptimas para su especie y sin obligarlo a largos desplazamientos.
Para evitar que el patito se acostumbrara demasiado a los humanos, el monitoreo se hizo con cámaras, permitiendo que recuperara su conducta natural y, sobre todo, la impermeabilidad de su plumaje, clave para su vida en ambientes acuáticos.
Desde el SAG Tarapacá, su directora Sue Vera confirmó que el ave estaba sana,
La liberación estuvo a cargo de Tomás Rivera, encargado de Fauna Silvestre del SAG Tarapacá, junto a Elena Alarcón, directora del Centro Wayanay. Un cierre feliz para una historia que partió con un derrame y terminó con un patito volviendo a su vida en el altiplano.
Una muestra clara de que el trabajo coordinado entre instituciones puede marcar la diferencia, especialmente cuando se trata de proteger la fauna que hace único a nuestro norte.














