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Amanecí con los ánimos por las nubes. Me levanté con el mejor de los bríos, como si de un momento a otro me hubiera recuperado de mis enfermedades crónicas. Las razones de este cambio casi milagroso en mi estado de salud —dejando a un lado el avance de los años y sin entrar a elucubrar en fundamentos médicos o psicológicos— creo que se deben, simplemente, al triunfo de Deportes Iquique. También a las cápsulas naturales que estoy tomando y, por supuesto, al amor de seres entrañables. Estas simples razones son las causantes de mi buen amanecer. Hacía tanto tiempo que no disfrutaba de un buen dormir y de despertar sin el estrés del diario vivir.
En la tarde de este sábado vi por TV unos minutos del partido de primera división entre Cobresal y Huachipato. Un estadio vacío. Ganó el equipo minero con gol de penal del exdelantero de Deportes Iquique, Estefan Pino. Muy distinta fue la escena en el estadio Tierra de Campeones: un público masivo se hizo presente para respaldar al club de sus amores, ahora en segunda división. Disfrutamos de la entrega, el pundonor, la garra y el corazón de cada uno de sus jugadores.
La sabia nueva se mezcla con la vieja escuela de Edson Puch y Álvaro Ramos. Otros consagrados como Diego Orellana, César González, Daniel Castillo y Franco Ledesma, más los jugadores en banca, absolutamente comprometidos con la camiseta, conforman un plantel que no va a defraudar a la hinchada celeste. La banda y el hincha iquiqueño le dieron el toque supremo a un escenario de fútbol profesional. Bien por los directivos del club: Cesare Rossi, Jorge Fistonic y, si no estoy equivocado, Javier de Gregorio. Armaron un plantel altamente competitivo que mantiene viva la esperanza de regresar a Primera División. Vamos, iquiqueños, que se puede. Hay que seguir apoyando al club en las buenas y en las malas. Reitero mis parabienes a todo el público y las familias que se dieron cita en este encuentro deportivo en el Tierra de Campeones Ramón Estay Saavedra.
Ahora, como estoy mejor de salud, voy a entrar donde está la salsa y la empanada: los pasillos oscuros y tenebrosos de los templos de la política. Nada fácil. Lo cierto es que no hay contentamiento en los partidos ganadores que serán oficialismo a contar del 11 de marzo próximo. Más bien hay desencanto, pues deseaban mayor presencia en el Gobierno. Esa figura recae en los independientes del sector de derecha. No faltaron los “cachetazos” ni los golpes bajos.
Pero así es la política. Debieran aceptar las condiciones que imponga el nuevo Mandatario. Hay que conformarse con los cargos y puestos que les den y punto. Lo demás es sinfonía de mala partitura. Si son inteligentes, sacarán el mejor provecho y darán brillo a su desempeño público. Me imagino que incluso ese malestar se traducirá en trabas legislativas a proyectos que no coincidan con sus intereses más sectarios.
Después de la instalación del Gobierno, los primeros seis meses, desde mi humilde opinión, podrían servir para acomodar nuevamente las piezas y quizás producir sorpresas. Vean el ejemplo del Presidente Boric, que al poco andar tuvo que hacer un ajuste ministerial incorporando a su Gobierno a representantes de la izquierda exconcertacionista. Entonces, como decía mi abuelita Rosa de la Oficina María Elena: “nada de llorar sobre la leche derramada”.
En la vieja política se vive el refrán “más vale un pájaro en la mano que cien volando”. Patear el tablero antes de comenzar el juego no tiene sentido: es perder un tiempo valioso. Recuerden: serán oficialismo y no oposición.
El futuro ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, está haciendo noticia con sus anuncios y grandes expectativas sobre el crecimiento del país, asumiendo compromisos ambiciosos como crecer al 4% y bajar el desempleo al 6%. Por supuesto, se eliminarán normas y decretos que mantienen paralizadas inversiones que inciden directamente en estas cifras. En el sector público, bajar el déficit fiscal será tal vez lo más complicado. Ya lo dijimos antes: este es un gobierno cercano al gran empresariado y necesitará un fuerte apoyo político para avanzar en sus metas programáticas.
En el campo del actual Gobierno, el oficialismo intenta quedar bien ante la opinión pública. Hoy su actuación está concentrada en auxiliar a las víctimas de los incendios forestales en Biobío, Ñuble y La Araucanía: una gravísima situación que dejó 21 víctimas, 43 mil hectáreas destruidas y miles de damnificados, en estado de excepción constitucional y zona de catástrofe. Aquí no puede haber tiempo de vacaciones ni “política del pato cojo”. No. Hay que aplicar soluciones habitacionales sin descanso e ir en ayuda económica y material de nuestros compatriotas. Es prioridad uno para el Gobierno que se va.
Al mismo tiempo, la coalición de Gobierno, tras su derrota en las presidenciales, se divide en dos tendencias: por un lado, Frente Amplio + PC; por otro, DC + PS + PR. No se trata de intereses personales ni económicos: son ideologías que ahora toman su cauce verdadero. Ambos grupos serán oposición, pero con matices propios.
En esta pasada, el Presidente Boric, me parece, debiera velar porque su Gobierno termine su período lo mejor posible. Después vendrán los nuevos tratos, alianzas y programas para Chile. Por ahora, mantener los cargos actuales y sacar adelante leyes necesarias para la clase trabajadora, como la Ley Universal de Sala Cuna, hoy paralizada en el Senado por la UDI. Para que después no reciban críticas gratuitas y negativas por no mejorar el empleo femenino.
Gracias.
Nelson C. Mondaca Ijalba
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