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05

Mar

Relatos salvajes | La Coneja: la estafa publicitaria que engañó a miles de chilenos en 1971

J.L.

A comienzos de los años setenta, la prensa escrita y la televisión chilena comenzaron a difundir una campaña publicitaria enigmática: una conejita animada que bailaba, cantaba y repetía la frase “viene La Coneja”. Durante semanas, el país vio anuncios sin explicación alguna, lo que generó expectación y curiosidad. El misterio se despejó cuando se informó que La Coneja era un “gran negocio” para invertir dinero, con la promesa de ganancias rápidas y premios de alto valor.

El sistema invitaba a depositar dinero en una cuenta bancaria a cambio de libros y la posibilidad de participar en un concurso que ofrecía un viaje alrededor del mundo a quienes acertaran los resultados de partidos de fútbol. Los primeros participantes recibían retornos inmediatos, lo que reforzó la confianza en el mecanismo.

El publicista Hernán Bustos, quien investigó el caso años después, explicó que la estrategia comercial se apoyó en una estética publicitaria de tono erótico para vender libros mediante un concurso que ofrecía autos, viajes y yates. Para participar, los usuarios debían pagar una inscripción y luego 24 cuotas mensuales. Aunque se presentaba como un plan para fomentar la cultura nacional, en la práctica funcionaba como un juego de azar y, estructuralmente, como una pirámide financiera.

Obra

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La creación del sistema fue obra de los hermanos Óscar y Sergio Casteblanco, quienes organizaron la estructura comercial y financiera detrás de La Coneja. Según publicaciones de prensa de noviembre de 1971, ambos huyeron a Brasil cuando el esquema comenzó a colapsar.

Para entonces, las deudas eran millonarias: cerca de 4 mil millones de escudos (moneda de la época) adeudados a escritores cuyos libros se utilizaban como parte del sistema, y entre 3 y 4 mil millones de escudos en publicidad impaga en radios, diarios, revistas y televisión. A esto se sumaba la deuda con miles de ciudadanos que compraron las tarjetas IBM que supuestamente darían acceso a premios de alto valor. En la práctica, solo se entregó un televisor de 23 pulgadas.

El sistema se derrumbó en pocos meses. Sus ejecutivos jamás pisaron la cárcel y miles de chilenos perdieron el dinero invertido. La Coneja quedó registrada como una de las estafas más recordadas de la época, tanto por su masiva campaña publicitaria como por el impacto económico que dejó en miles de familias.

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